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Para cuando el paquete económico del 2019 llegue al Congreso, Andrés Manuel López Obrador ya tendrá 15 días de haber tomado posesión como presidente constitucional de México.

Para ese momento, habrá pasado la majestuosa ceremonia de toma de protesta, de amplísima cobertura mediática, el tradicional besamanos reeditado, y sobre todo el refrendo discursivo de sus caros compromisos de campaña.

Si en la transición, y con Peña Nieto presidente, los discursos y decisiones de López Obrador han sido disruptivos para la vida económica y política del país, que no quede duda que los primeros mensajes desde el poder formal tendrán repercusión inmediata.

Habrá pues pasado la primera quincena de diciembre cuando su gobierno presente el Paquete Económico, donde tienen que cumplirse dos promesas que suenan antagónicas: la disciplina macroeconómica y el cumplimiento de sus promesas de campaña.

Nada hubiera convenido más a sus planes presupuestales que ellos mismos cuidaran la estabilidad financiera, pero hicieron justo lo contrario.

Toda la presión, que innecesariamente han puesto en los mercados con la absurda decisión de cancelar la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de México, es un lastre inmediato para sus planes presupuestales.

El varapalo que se llevó la cotización del peso frente al dólar afecta el servicio de la deuda y no se compensa con una mayor estimación en pesos de los ingresos petroleros.

Por cierto que el precio estimado de la mezcla mexicana debe estar en línea con las expectativas del mercado. Cualquier subestimación en el precio o en la plataforma exportadora generará inquietud en los mercados.

Las tasas de interés tienen que responder a las presiones inflacionarias que deriven de la depreciación cambiaria, pero también a una larga lista de factores externos, como el predecible aumento de las tasas en Estados Unidos por parte de la Reserva Federal.

En fin, habrá condiciones menos favorables para planear ingresos y gastos para el 2019.

Dice el presidente electo que ya le cuadraron la cifras para cumplir con todos sus compromisos de campaña sin incurrir en mayor endeudamiento y sin subir ingresos por la vía del aumento de impuestos.

Promete no subir los precios de las tarifas que todavía controla el gobierno, como las del sector eléctrico y, por lo visto, meterán la mano en los precios que hoy son de mercado, como en las gasolinas, para que no suban más que la inflación.

No está claro si fue simplemente la repetición de una frase de sus tiempos de opositor o si realmente piensa cumplirlo, pero prometió que en el 2019 no habrá déficit.

Así que va a ser de enorme atención por parte de los mercados ver ese fenómeno de multiplicación de los panes para que alcancen los recursos disponibles para todos sus compromisos de gasto y con un gasto inferior o igual a los ingresos.

Si efectivamente el gobierno de López Obrador logra presentar un Paquete Económico congruente y balanceado para el 2019, será algo cercano a un milagro económico.

Será mejor, en todo caso, que se quede corto en sus posibilidades de gasto a subestimar ingresos y ahorros que acaben por ser compensados por la vía del endeudamiento.

Pero si, por el contrario, el Paquete Económico parte de supuestos falsos, estimaciones irreales y de expectativas inalcanzables de ingreso y gasto, si las matemáticas simplemente no cuadran, ahí tendremos la siguiente sacudida financiera importante, quizá la definitiva en el camino de la pérdida del grado de inversión.