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Cuando los habitantes de Nayarit dijeron “ya pasó la tormenta”, voltearon a su alrededor y se dieron cuenta de que había muchos daños provocados por el huracán Willa.

Así que, si realmente ya pasó la tormenta en los mercados tras la decisión de cancelar la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM), hay que voltear a los alrededores a ver los daños causados por el embate del fenómeno.

La realidad es que si mantenemos la analogía de la reacción financiera a tal anuncio con los fenómenos meteorológicos, lo visto esta semana fue apenas una lluvia con algo de viento comparado con los verdaderos tifones que pueden pegar en los mercados.

El aguacero cambiario, que llevó la cotización de 18.50 a 20.30 pesos, que se acompañó de granizo bursátil, con pérdidas importantes en los precios de las acciones, junto con las rachas de viento alcista en las tasas de interés, ya despertó el interés de los expertos en estos movimientos turbulentos en los mercados.

Así que, más allá de ver a los contratistas resignados salir de la casa de transición, y de que mediáticamente se diluyan las notas sobre la destrucción del avance del NAIM, ya hay cambios en los pronósticos económico-financieros de México y eso es grave.

Hasta ahora, la nota más alarmante es la puesta en perspectiva negativa de la calificación crediticia por parte de Fitch Ratings. Las otras dos firmas más importantes, Moody’s y Standard & Poor’s, junto con la mexicana HR, no dejaron de hacer notar lo imprudente del movimiento del futuro gobierno. Tienen ahora el dedo en el gatillo.

Incluso estos analistas se elevaron más allá de la sede del aeropuerto para encender los focos de alerta en otros temas, como el manejo de Petróleos Mexicanos, los equilibrios presupuestales y la idea de vulnerar la autonomía del Banco de México.

Es tan notorio que no ha pasado la tormenta tras la decisión de la cancelación del aeropuerto que la percepción del entorno económico de los analistas que consulta el Banco de México se deterioró de forma notable durante la encuesta levantada entre el 17 y el 26 de octubre. Antes incluso del anuncio de la cancelación del NAIM, que tanto alteró a los mercados.

Vamos, el principal factor, que hoy ven los expertos consultados que puede frenar el crecimiento económico, es la incertidumbre política interna. Así de fácil.

La bolsa de valores tuvo su peor desempeño en nueve años el mes pasado y el peso tuvo su peor octubre en 10 años. Esos son daños después de la tormenta, porque implica que capitales, nacionales o extranjeros, decidieron dejar los instrumentos mexicanos para refugiarse en otro lugar.

Si se subestima la atención que ahora ponen las firmas calificadoras, los grupos financieros, los analistas, sólo porque no se ven noticias del aeropuerto en la tele o porque el peso recupera centavitos frente al dólar, se comete un error grave de apreciación que puede tener consecuencias para los márgenes de operación del próximo gobierno.

Así que la próxima vez que se minimice el impacto de una tormenta, sea financiera o tropical, hay que voltear a ver los daños provocados alrededor antes de sentirse tan aliviados.