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Sabidos de que viene la diplomacia de “nada veo, nada oigo”, a 41 días del fin de la actual administración, este ha sido el canto de cisne de una política exterior mexicana con cierta presión contra la dictadura de Venezuela:

La PGR desmanteló ayer una red de empresas mexicanas que vendía alimentos caducos a Nicolás Maduro y éste revendía 100 veces más caros a los venezolanos y entregaba a la guerrilla comunista colombiana para que los traficara en su frontera.

Un contrabando que estableció aquí el empresario venezolano Santiago Uzcátegui, quien entró como turista en mayo de 2017, desde Estados Unidos, en una avioneta privada de matrícula N254FG y registró la empresa Group Grand Limited, S.A. de C.V.

Violando la Ley de Migración, que prohíbe a los turistas hacer negocios, Uzcátegui mandó a Maduro 249 mil 803 toneladas que compró a precio de risa, por ser comida vencida:

Arroz, maíz, lentejas, frijol, atún en lata, salsa de tomate, pastas, aceite, leche y azúcar que compró a El Sardinero, La Moderna, Serel… incluidas en las CLAP, una canasta que, para comprarla, los venezolanos deben mostrar el Carnet de la Patria.

A esto llegó Venezuela después de que las expropiaciones chavistas han dejado cuatro mil de las 12 mil 700 industrias privadas que tenía antes del triunfo del populismo en 1998.

Un reportaje (http://www.venezuelaaldia.com/2017/09/30/fiscalia-tinta-borran-fecha-caducidad-alimentos-los-clap/) reseña cómo a productos les ocultan con marcadores la fecha de vencimiento:

“La mayonesa La Costeña tiene sabor a jugo de limón. El combo de los CLAP trae harina de maíz Maseca, que es para preparar tacos y no arepas; lentejas, caraotas, sardinas y atún en lata y leche en polvo Macleche”.

Estudios realizados a la leche, indicaron que tiene el doble de sodio que se debería consumir por porción y tampoco cuenta con proteína dentro de la fórmula, lo que provocó diarrea en los niños y la muerte de 90 personas.

Esos alimentos llegaban a Venezuela, saliendo de la CDMX hasta el Puerto de Veracruz, donde la naviera Hapag-Lloyd los trasladaba hasta el canal de Panamá en los buques Viking Merlin CNP Paita, para desembarcar finalmente en La Guaira.

Luego, una parte de los productos llegaban a manos de la guerrilla que se disputan con los paramilitares el control de la frontera con Venezuela para manejar el narcotráfico, la trata de blancas y la incluso venta de órganos.

El desmantelamiento de esta red obliga a la dictadura de Maduro a reinstalarla ahora en Turquía, a mayor costo por la lejanía, lo cual es un éxito que el mundo libre debe acreditar a México, porque impide medrar a una dictadura a expensas de la salud de su pueblo.

Imposible regatear ese punto al gobierno que ya se despide.