Minuto a Minuto

Deportes Propuestas para modificar el reglamento de F1 2026
Es en definitiva un gran avance y pero también la confirmación de que las quejas, señalamientos y descontento generalizado sobre el nuevo reglamento estaban sustentadas y no solo se trata de una apreciación de algún sector en particular
Nacional El laberinto de Leonora Carrington cobra vida con una experiencia sensorial en México
El recorrido ‘Laberinto Mágico’ abrirá sus puertas el próximo 22 de abril en el Centro de las Artes Inmersivas en CDMX
Internacional Diálogo de sordos entre EE.UU. y Cuba: filtraciones, negaciones y la amenaza de la agresión
El gobierno de Estados Unidos exigió al gobierno cubano liberar en un plazo de dos semanas a presos políticos relevantes
Internacional Amnistía Internacional denuncia crímenes de lesa humanidad “impunes” en Venezuela en 2025
La represión del gobierno de Nicolás Maduro contra la disidencia persistió, con graves violaciones a los derechos humanos en Venezuela
Internacional Vertido de aguas residuales en río Potomac desemboca en una batalla judicial
Las demandas del Departamento de Justicia señalan negligencia en el mantenimiento del sistema de alcantarillado que desemboca en el río Potomac

Difícil urdir una trama más confusa, con más lagunas informativas y cartas marcadas que la ideada por el gobierno electo para decidir la suerte del Nuevo Aeropuerto Internacional de México.

Si algo ha faltado en el proceso y falta en la consulta es la información prometida. La información ha brillado por su ausencia o por su confusión.

Quizá el momento emblemático de esta confusión es el uso que le dio el gobierno electo a un informe de la OACI (Organización de Aeronáutica Civil Internacional).

El veredicto del informe es inequívocamente favorable al aeropuerto de Texcoco. Pero fue usado por los urdidores de la consulta para mostrar las razones “poderosas” que había a favor de la base militar de Santa Lucía, cuya desventaja final, sin embargo, el informe expresa categóricamente.

La información financiera ha sido más confusa y más ausente aún. No hay cifras claras de la pérdida o la ganancia financiera inmediata de las dos opciones ni, mucho menos, de sus rendimientos proyectados en el tiempo.

No hay una idea precisa de los daños ecológicos que una u otra opción pueden producir ni de las dificultades reales de ingeniería y costos que plantea el subsuelo flojo del lago de Texcoco.

No hay el menor indicio sólido, la menor proyección, sobre el impacto urbano de ambas opciones y sobre sus potencialidades de ser detonadores de inversión inmobiliaria y de servicios.

La opción misma presentada en la pregunta de la consulta es equívoca, porque Santa Lucía no es todavía una opción validada favorablemente y solo tiene señalamientos en contra.

En un país de mucha experiencia ya en materia de encuestas, la fórmula escogida para la consulta se antoja una tienda de tres palitos.

El espectáculo final es de improvisación, opacidad y capricho. Cuando no de un mal truco diversionista para justificar una decisión previamente tomada.

Hay incertidumbre en todos los órdenes de la decisión, salvo en el que menos conviene a la credibilidad de la consulta, a saber: que quien decidirá o ha decidido ya es el Presidente electo.

Esto es lo que está en el aire, lo mismo que la consulta saltando sin rumbo, como un papalote, de la mano del que lo jala abajo.