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Donald Trump utiliza la violencia verbal como un arma negociadora. Los chinos no. Si los funcionarios del gobierno de ese país asiático advierten la posibilidad de una reedición de la Guerra Fría, lo dicen en serio.

La prensa china advierte que la actual guerra comercial desatada por Estados Unidos en contra de los intereses del gigante asiático puede escalar hasta ese nivel de una confrontación de bloques antagónicos. Y esto es una advertencia del régimen chino al mundo.

Hablar de una reedición de la guerra fría no es poca cosa, sobre todo para aquellos que recordamos las consecuencias de un mundo dividido por dos potencias: Estados Unidos y la Unión Soviética, que se amenazaban nuclearmente todo el tiempo.

Hoy estamos en una fase de confrontación comercial que incluye la aplicación de aranceles y la descalificación continua del régimen chino por parte del presidente de Estados Unidos que jura que todo el mundo ha abusado de su país.

La simple guerra comercial ya amenaza con consecuencias muy importantes para la economía. Nada más para Estados Unidos, la aplicación de estas represalias comerciales implicará un incremento en la inflación y una disminución en el ritmo de crecimiento económico. Tan sólo estas dos consecuencias tendrán repercusiones globales negativas.

Pero esto no para ahí. El gobierno de Donald Trump no puede actuar con China como si quisiera doblegar a Corea del Norte o a México. Su pleito es con una nación de enorme poderío en todos los sentidos.

Xi Jinping representa un monolito del poder. Él no estará peleando con Estados Unidos por un lado y con los demócratas por otro, simplemente porque no los hay. La velocidad de aplicación de las resoluciones que tome el presidente chino son de auténtica banda ancha política.

Una guerra fría implica dividir al mundo en bloques, el usar el poder de influencia de uno y de otro para tomar un bando y cerrarse ante la otra opción.

Piense en la enorme influencia cultural que ejerce Estados Unidos en nosotros. Somos los mexicanos dependientes en múltiples sentidos de ese país. Así es China para otras latitudes, la influencia cultural, económica, militar y social chinas es enorme.

Una polarización de esas diferencias a nivel de una guerra fría resultaría en una catástrofe mundial.

Una guerra fría implica engendrar rencores hacia los contrarios. Es un Estado donde la amenaza bélica no se descarta, pero se controla con la posibilidad real de una destrucción masiva instantánea con las armas nucleares.

Pero otro tipo de armamento puede dejar muchas víctimas. Los chinos pueden, por ejemplo, quebrar el sistema financiero estadounidense si exigieran el pago de todos los pasivos que tienen en su poder del Departamento del Tesoro. Vamos, Estados Unidos no le debe tanto a nadie como a los chinos.

Una guerra cibernética es algo que no podemos ni siquiera imaginar los alcances que tendría.

Un escenario catastrófico de una nueva división hoy es posible y quizá todavía muy evitable.

Ya habrá consecuencias del estadio actual en materia comercial, no hay duda. Pero permitir que el conflicto bilateral escale sí puede implicar revivir episodios terribles de los tiempos de la guerra fría entre la Unión Soviética y Estados Unidos que parecían superados.