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En dos días llegó a México lo mejor y lo peor de la política global sobre las drogas. De un lado, el diagnóstico de cómo cambiar la política prohibicionista, hecho por la Comisión Global de Política de Drogas de la ONU, fomentada por varios presidentes de América Latina. De otro lado, la adhesión del gobierno de México al llamado prohibicionista lanzado por Donald Trump en la propia ONU.

Agua y aceite.

De un lado oímos el relato, en días sucesivos, de una doble catástrofe: la producida por la prohibición de las drogas en el mundo y la producida en México. Del otro nos enteramos de que el gobierno mexicano saliente firma el Llamado Global a la Acción sobre el Problema Mundial de las Drogas, que ratifica y exalta los criterios prohibicionistas.

Agua y aceite.

Por un lado, como voz cantante del llamado prohibicionista, Trump pidió el lunes la cooperación internacional para “desmantelar la producción de drogas y combatir la adicción que cuesta la vida a millones de personas en el mundo”. Del otro, como vocero de la causa antiprohibicionista, en una comisión de la ONU, Ernesto Zedillo dijo, en México, el martes: “Encuentro muy lamentable la reunión que ocurrió en Nueva York, presidida por el presidente de Estados Unidos, país que ha sido el líder en las estrategias basadas en la prohibición, donde básicamente se dijo que hay que hacer más de lo mismo sin cambiarlo. Y yo creo que eso no se corresponde con lo que necesitamos”.

La prohibición, abundó el ex presidente, es una política que ha destruido vidas, que ha afectado la salud de la población, que ha fomentado el crimen organizado, debilitado y corrompido nuestras instituciones y empeorado nuestro estado de derecho” (Excélsior, 29 /20/18).

Trump había dicho el lunes: “Las drogas ilícitas están relacionadas con el crimen organizado, los flujos financieros ilegales, la corrupción y el terrorismo… Detengamos todas las formas de tráfico y contrabando que proporcionan la sangre financiera para los cárteles viciosos transnacionales” (Aristegui noticias: https://bit.ly/2OO6AI6).

México votó por la versión de Trump, aunque su realidad sea la descrita por la comisión de la ONU donde participa Zedillo. ¿Estamos locos?, preguntaría Gil Gamés. No: en esto, hoy como ayer, seguimos presos de Estados Unidos y la ONU.