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Hace justo una semana el Índice Industrial Dow Jones de la bolsa de valores de Nueva York se llevó la atención ante una caída importante que habría de acentuarse el lunes de esta semana.

A la vuelta de estos días, hemos visto que la corrección de los mercados no fue simplemente un tropezón de un par de días y que promete llevar a este indicador y al resto de los mercados bursátiles del mundo a un cambio en las señales.

Para empezar a ver esta película desde un mejor ángulo hay que tomar los indicadores bursátiles como consecuencia y no como el centro del problema.

Es tiempo de voltear la mirada a un indicador que no debemos perder de vista: el nivel de los bonos del tesoro a 10 años, que son un referente mucho más robusto de la condición económica estadounidense.

El rendimiento de estos papeles, los favoritos en tiempos de turbulencia, se ha acelerado desde los niveles de 2.4% en los que inició este año hasta el entorno de 2.8% en los que estuvo operando y van en camino a 3 por ciento.

La exigencia de un mayor rendimiento por parte del mercado obedece a la certeza que empieza a cundir entre los agentes económicos de que la recuperación económica que está en marcha en Estados Unidos habrá de estar acompañada de mayores presiones inflacionarias y por lo tanto de una política monetaria más restrictiva.

Pero no sólo hay esta idea en Estados Unidos. En Europa, donde el banco central de la región euro mantiene un plan de liquidez, hay la percepción de que la inflación acelerará su crecimiento y por lo tanto hay que restringir la facilidad de conseguir la moneda comunitaria.

El banco central inglés también está en el ánimo de poner más atención al ritmo de crecimiento de sus tasas de interés ante la certeza de que los precios van creciendo más rápido de lo estimado hasta hace poco.

No hay en ninguno de estos mercados desarrollados una alerta de inflaciones altas, simplemente que la regularización del aumento de los precios desde los tiempos de inflaciones muy bajas será más acelerada.

Países como México también tienen que reaccionar con tasas más altas para contrarrestar el efecto externo que invita a volar a los mercados maduros donde hay premios mayores.

El problema de este episodio está en que los mercados bursátiles habían alcanzado niveles mucho más altos de los que podían sostener sus valuaciones y que eso puede invitar al pánico y con ello a las correcciones bruscas.

En Estados Unidos no será el presidente de ese país el que pueda dar el mejor mensaje tranquilizador porque simplemente no se le da eso de la prudencia. Y desde el banco central están estrenando presidente y empiezan a sonar con fuerza los discursos contradictorios entre los que ahí toman decisiones.

Es por ahora un asunto de formas en este tránsito hacia una inflación más alta, no hay alertas de crisis inflacionarias, pero un mal manejo puede descomponerlo todo. Y no se ven muchos recursos de una comunicación efectiva por ahora.

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