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2018 presenta tres grandes riesgos para México. Los ha descrito Jorge G. Castañeda en un excelente artículo publicado en The New York Times: “A Perfect Storm is Coming to México” (“Se cierne sobre México una tormenta perfecta”) http://nyti.ms/2mhV0YJ.

Las tres nubes de la tormenta son la reforma fiscal aprobada en diciembre en Estados Unidos, la posible terminación del TLC y el posible triunfo de López Obrador en las elecciones de julio.

Nada puede hacer México para disolver la primera nube, que es ya una realidad. Algo puede hacer para atenuar la segunda. Y está en sus manos disolver la tercera, salvo que, hoy por hoy, lo que los votantes quieren es meterse en ella.

La reforma fiscal de Trump tiene tres lados que conviene mirar: primero, reduce considerablemente el pago de impuestos para las empresas. Segundo, facilita la repatriación de utilidades de compañías estadunidenses con filiales fuera de Estados Unidos. Tercero, ofrece condiciones muy favorables de amortización para nuevas inversiones.

Es una triple invitación para grandes transnacionales: mudarse a tributar allá para pagar menos, repatriar los capitales que tienen fuera e invertir en Estados Unidos lo que hasta ahora invierten en otras partes.

La reforma de Trump podría tener graves consecuencias para todo el mundo, desde luego, pero también, más acusadamente quizá, sobre México.

Primero, dice Castañeda, los grandes negocios con domicilio fiscal mexicano podrían mudarse a Estados Unidos para beneficiarse de una tasa impositiva empresarial mucho menor allá que acá (hoy: 21% contra 30%).

Segundo, las empresas estadunidenses que operan en México podrían decidir repatriar sus excedentes y preferir Estados Unidos como lugar de inversiones financieras.

Lo primero podría ser muy grave para el fisco mexicano. Lo segundo y lo tercero, podría dar fuertes golpes a la bolsa, al mercado de capitales en general, y a los flujos de inversión extranjera, de por sí estacionarios.

México, sigue Castañeda, podría contrarrestar la reforma de Trump igualando a la baja los impuestos. Pero el efecto fiscal sería catastrófico en una hacienda pública cuya enfermedad crónica es la baja recaudación.

Creo que la nube fiscal de Trump es la de un potencial destructivo de la tormenta que se cierne sobre México.

Mañana algo sobre la nube Nafta.

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