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Bajo este título circula ya el más reciente libro de Rolando Cordera, quizá su reflexión más acabada sobre la obsesión de su vida pública, como economista, como intelectual y como hombre comprometido con la vida política.

Esa obsesión tiene dos caras. De un lado la escandalosa desigualdad que cruza de arriba a abajo y del pasado al presente nuestra sociedad.

Del otro lado, la no menos escandalosa indiferencia social ante este problema, que parecería haber tomado carta de naturaleza, carta de normalidad, en nuestra sociedad, tanto como en la reflexión y la política.

“México requiere encontrar el eslabón perdido de la equidad con la democracia”, dice Cordera. No dice recobrar, porque eso supondría que alguna vez hubo un vínculo entre democracia y equidad en México. Peor: que alguna vez hubo equidad, con democracia o sin ella.

Cordera echa de menos lo que pudo ser una respuesta más inteligente ante la crisis de los 80 del siglo pasado, al terminar el gobierno de López Portillo, aquella sacudida de las finanzas públicas que desbarató, entre otras cosas, el intento mismo de combatir la marginación en que López Portillo empeñó parte de su gobierno.

Hay cierta ironía de la historia, o acaso una lógica trágica, en el hecho de que también el segundo gobierno del siglo pasado que tuvo una política de combate a la desigualdad, el de Carlos Salinas de Gortari, terminara en una crisis de finanzas públicas que se llevó al niño junto con la bañera.

Las políticas de combate a la pobreza se han refugiado desde entonces en los programas asistencialistas, que pagan su cuota de responsabilidad pública con los pobres, pero no tocan el fondo del verdadero problema, el problema de la gran cuna productora de pobres que es la desigualdad.

Como otros llaman a poner en el centro de la mira de la sociedad y del Estado al ciudadano, o al consumidor, Cordera llama a mirarlo todo desde el punto de vista de la desigualdad, para volver la lucha contra ella el eje de la política pública y del proyecto de nación.

Creo que tiene razón doble: la desigualdad es al mismo tiempo el problema y la ceguera fundamental de México.

(Rolando Cordera Campos: La perenne desigualdad. Fondo de Cultura Económica, 2017).

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