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Hace unos días, el reconocido economista Nouriel Roubini publicó un interesante texto en el portal Project Syndicate, en el que analiza la etapa actual del ciclo económico global y plantea tres posibles escenarios para los próximos años.

Roubini, catedrático en la Facultad de Economía de la Universidad de Nueva York (NYU), es reconocido como uno de los pocos especialistas que pronosticó acertadamente la debacle financiera del 2008-09. El texto de Roubini empieza con un tono similar al exhibido en las recientes reuniones del FMI y el Banco Mundial, reconociendo que después de varios años de crecimiento lento e inconsistente —con varias salidas en falso y constantes amenazas—, la economía goza, desde hace un año, de una aceleración de características amplias y, al parecer, robustas.

El catedrático de la NYU reconoce que la inercia actual parece ser suficiente para mantener un entorno macroeconómico favorable en el corto plazo, pero identifica ciertos riesgos que podrían descarrilar la recuperación en el mediano plazo. En concreto, Roubini presenta tres escenarios: uno optimista, uno pesimista y uno base. En el caso optimista, Roubini plantea un escenario de crecimiento económico robusto y baja inflación, impulsado por las cuatro economías más importantes del orbe: Estados Unidos, China, Japón y la eurozona.

En este escenario los riesgos geopolíticos disminuyen, los bancos centrales continúan con un proceso ordenado de normalización monetaria, la administración Trump no comete errores de política exterior y comercial, Japón y China aceleran y profundizan su programa de reformas estructurales, y la eurozona da pasos concretos para una mayor integración.

En el caso pesimista, Roubini anticipa un entorno de bajo crecimiento con un creciente riesgo de recesión e inestabilidad en los mercados financieros.

La administración Trump cede a sus impulsos más proteccionistas e inicia una guerra comercial al mismo tiempo que escala el conflicto frente a Corea del Norte, e incrementa la probabilidad de un conflicto armado. Adicionalmente, la reforma fiscal del Partido Republicano genera un creciente déficit fiscal y presiona las tasas de interés de largo plazo al alza.

Por otro lado, China se limita a hacer reformas estructurales cosméticas y su crecimiento se vuelve cada vez más dependiente del endeudamiento, mientras que la eurozona se desestabiliza por nuevos movimientos secesionistas y Japón se estanca por enésima vez en los últimos 20 años ante una ausencia de reformas estructurales. En este escenario, los bancos centrales podrían implementar nuevos estímulos monetarios para contener la desaceleración, incrementando el riesgo en la estabilidad financiera de los mercados.

En el tercer escenario, que Roubini ubica en el justo medio e identifica como el más probable, la economía global mantiene una inercia positiva pero se desacelera después de unos trimestres. Los cuatro grandes bloques económicos se limitan a hacer reformas estructurales de calado medio, la administración Trump mantiene un alto grado de incertidumbre política, la eurozona mantiene el status quo sin buscar una mayor integración y la economía de Japón batalla para crecer ante la falta de cambios estructurales. Como resultado, la economía global crece a una tasa mediocre.

Aunque este escenario no es para nada catastrófico, Roubini advierte un ineficiente equilibrio en el que la economía global sería altamente vulnerable a cualquier choque externo y apela al liderazgo de las principales potencias económicas para asegurar un mejor panorama.