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La mayoría de la gasolina que se consume en México viene de las refinerías texanas; lo mismo pasa con el gas natural.

Hay muchas razones para ser solidarios con Texas: primero, están pasando por un momento muy difícil. Con la tormenta Harvey ha caído más del doble de agua en Texas de la que cayó en Luisiana con Katrina, la década pasada. Segundo, hay cientos de miles de personas de origen mexicano que viven allá. Tercero, estamos muy conectados con ellos. La mitad del comercio entre México y Estados Unidos se realiza a través de Texas y una sexta parte de las remesas viene de ese estado. Por si todo eso fuera poco, dependemos de ellos para nuestro abasto energético. La mayoría de la gasolina que se consume en México viene de las refinerías texanas; lo mismo pasa con el gas natural.

En México se dejarán sentir con fuerza los efectos de Harvey: subirá el precio de la gasolina y del gas; bajarán las remesas que envían los mexicanos residentes en Texas y se alterará la actividad económica de la zona fronteriza que se “toca” con Texas: Tamaulipas, Nuevo León y Coahuila.

De Texas llegó a México un total de mil 082 millones de dólares en remesas en el segundo trimestre del 2017. En los últimos 12 meses, el total asciende a 3 mil 986 millones de dólares. Imposible que se mantengan a ese nivel. ¿Por qué descenderán estos envíos? Un desastre natural impone un estado de excepción, altera la normalidad. Los paisanos que viven en Texas no generarán los mismos ingresos en las próximas semanas, porque muchas actividades económicas “normales” no se podrán realizar. La Reserva Federal de Texas ya ha alertado sobre un descenso del PIB en Texas, aunque es muy pronto para aventurar un pronóstico. Una cosa es segura: durante unas semanas, los paisanos no sólo no enviarán remesas, sino que, quizá, requieran apoyo de sus familiares y amigos que están en México.

En el sector energético, México padecerá los daños que ha sufrido la infraestructura de refinación, almacenamiento y transporte de Texas. La razón es muy simple: Texas se ha convertido en el principal proveedor de México de gasolina, gas natural, diesel y otros derivados del petróleo. Los avisos del Cenagas a la industria para reducir el consumo del gas entre 20 y 50% son parte de la película. Hay un riesgo de desabasto por el daño a la infraestructura de ductos y portuaria de Texas. Hay una buena probabilidad de que haya alzas adicionales al precio del gas. Se trata de un mercado liberalizado, en el que hay un desequilibrio entre oferta y demanda. Recuerden que, sin tormentas ni daños, ese insumo registró incrementos de 56% en el primer semestre del año. Subirá más. Para atenuar el riesgo de desabasto, México deberá conseguir gas natural licuado que vendrá de otras fuentes, más caras que Texas.

Los precios de la gasolina nos harán acordarnos de Harvey. El combustible ha subido 28.4% en esta semana como consecuencia de los daños a la infraestructura de refinación de Texas. Allí está casi una quinta parte de la capacidad total de Estados Unidos. Una docena de refinerías ha suspendido actividades. La incertidumbre ha crecido y eso impulsa el precio. A México llegarán esos incrementos porque la gasolina que mueve nuestros vehículos viene de allá, en su mayoría. ¿Cuánto y cuándo? Ésa es la cuestión. La opacidad de la fórmula del precio mexicano nos tendrá jugando adivinanzas.