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El paquete fiscal fue una concesión a la izquierda para que dejara pasar las reformas en materia de telecomunicaciones y energía.

Las organizaciones empresariales saben muy bien que en lo que resta de este gobierno no habrá ninguna modificación fiscal propuesta por el poder ejecutivo. Porque si bien no son firmantes del llamado Acuerdo de Certidumbre Económica, saben perfectamente bien de su existencia.

Por lo tanto, una organización sindical como la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) sabe perfectamente que pierde su tiempo presentado una propuesta de reforma fiscal para que el gobierno de Peña Nieto la haga suya y la presente al Congreso. Pero eso también lo saben muy bien.

Lo que parece valer más la pena para esta agrupación patronal es que uno de los aspirantes presidenciales que tiene posibilidades de convertirse en candidato para las elecciones del próximo año les diga no y eso quede plasmado en la prensa.

Y así fue, encabezados y notas que hablan de cómo “los empresarios” piden una reforma fiscal y Hacienda les dice que no. José Antonio Meade dice no a los empresarios. Es hora de dejar de atacar a la clase media, dice Gustavo de Hoyos, presidente de la Coparmex.

En fin, misión cumplida para este
sindicato patronal que más que una propuesta fiscal lo que hace es marcar una postura que suena muy del terreno de lo político-partidista, tanto como la marcó con el respaldo a aquel posicionamiento electorero de buscar un aumento urgente al salario mínimo.

¿Quiere ciudadanos enojados? Hábleles de las derrotas de la selección de futbol o de impuestos. Quiere mejorar su estado de ánimo, impulse a los héroes de la patria que no cuidan la seguridad y la vialidad de las ciudades que gobiernan, pero que ofrecen la vida por un aumento al salario mínimo. La Coparmex ya votó.

De hecho, el paquetazo fiscal que entró en vigor a principios del 2014 fue una concesión a la izquierda para que dejara pasar las reformas en materia de telecomunicaciones y energía. Claro que fue un golpe duro a las clases medias y por supuesto que no es la reforma fiscal que necesita este país.

Políticamente es imposible que en lo que resta del sexenio se pueda hacer alguna modificación fiscal, simplemente porque el Congreso
aparece ya como un órgano desmantelado. Si son incapaces de desatorar los temas más urgentes de seguridad, menos podrán transitar en un tema de esta elevada temperatura social.

No hay duda de que la siguiente administración tendrá necesariamente que meter mano al tema fiscal. De entrada porque resultará inevitable que sea parte de las promesas de campaña de todos, pero sobre todo porque el huracán categoría 5 que viene en camino del sistema de pensiones requerirá de más recursos, de más amplios sectores sociales, al tiempo.

Por lo pronto el secretario de Hacienda, José Antonio Meade, volvió a explicar a los dirigentes de este sindicato cuáles son las circunstancias que impiden cumplir con sus propuestas en materia de impuestos.

Lo que deberían hacer las agrupaciones empresariales es no quemar
sus cartuchos y sus privilegios de plantear reformas estructurales de cara a los funcionarios públicos y legisladores con fines diferentes a la legitimidad de cuidar los intereses de sus agremiados.