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La Fed es autónoma, pero está en poder del presidente designar a los sucesores de los que ahí toman decisiones.

Siempre será una tentación para las autoridades fiscales presionar a los bancos centrales autónomos para que sean mesurados con sus políticas monetarias restrictivas.

En México lo vimos hace algunos años cuando un muy ortodoxo gobernador del Banco de México, Guillermo Ortiz, mantenía una política monetaria altamente restrictiva en momentos en que la inflación se mantenía alta en este país.

Sin embargo, tasas elevadas corrían en contra de los planes del entonces presidente Felipe Calderón y su secretario de Hacienda, Agustín Carstens, de tratar de elevar el desempeño económico. Evidentemente las tasas de interés altas estorbaban esos planes.

Lo peor es que así se lo hicieron saber públicamente al gobernador Ortiz, lo que fue leído como un intento de influir en la política autónoma del banco central.

La respuesta del gobernador del banco central mexicano fue hacer oídos sordos y mantener las tasas donde su junta de gobierno lo consideraba prudente. El resultado fue la obtención de un nivel inflacionario bajo del que gozamos durante muchos años.

Claro que llegado el momento, el presidente Calderón no le renovó el puesto a Ortiz Martínez. Lo bueno es que tenía a la mano a Agustín Carstens, que hoy paga el karma de tener que subir las tasas de interés.

Hasta ahí un episodio de un intento de influencia y la feliz demostración de autonomía del banco central mexicano.

Hoy mismo otro banco central está enfrentando la presión de un presidente que quiere que las tasas se mantengan bajas para que su administración pueda lucir mejores tasas de crecimiento, sin que le importe el trabajo preciso y minucioso de una autoridad monetaria.

No se trata del banco central de Zimbabue de 14,000,000 por ciento (sí, catorce millones por ciento) y sus billetes de 100 trillones de dólares, se trata de las presiones de Donald Trump sobre la presidenta de la Reserva Federal de los Estados Unidos (Fed), Janet Yellen.

El presidente estadounidense no merece mayor presentación ni explicación sobre su forma de querer intervenir en todo e influir en todos.

Durante la campaña electoral se quejó amargamente de la Fed por mantener las tasas de interés tan bajas. Aseguró que se trataba de una estrategia política del banco central para favorecer a los demócratas.

Ahora presiona al banco central de su país para que se mantengan así las tasas, sin importar la dinámica que guarde la economía. La Fed es autónoma, pero está en poder del presidente designar a los sucesores de los que ahí toman decisiones y esos tiempos se acercan.

Recientemente Trump le dijo en su cara a Yellen que él veía que ella era una persona de tasas de interés bajas, tal como a él le gusta.

Esta versión es una filtración, como tantas otras noticias en estos tiempos en Washington, pero coincide con el discurso de la Casa Blanca.

Es ruido en momentos en que se reúnen los integrantes del Comité de Mercado Abierto de la Fed, en un contexto donde los mercados se mantienen tranquilos ante la certeza de la decisión que se toma este miércoles.

Es sin duda creíble que Trump pueda inquietar en aguas sosiegas.