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El mercado de las gasolinas va a ser un escándalo a partir del próximo año, porque va a combinar una apertura discrecional con un impuesto alto y fijo, en momentos en que los precios del petróleo tienen una tendencia al alza.

El primero que se curó en salud fue el gobierno federal que consiguió fijar el impuesto especial a las gasolinas, con lo que dejó de ser el pivote que permitía recibir los golpes de los precios externos y filtrarlos hacia los consumidores finales.

Ahora, el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) es fijo y es alto. Durante estos meses finales del 2016, los incrementos que han sufrido los precios de las gasolinas los contiene Pemex por aquello de que por decreto no pueden subir los precios más de 3% este año.

La realidad es que un mercado cerrado, controlado con criterios más políticos que de mercado, ha generado grandes distorsiones para los consumidores y para las finanzas públicas. Si el Senado avala lo aprobado por los diputados la semana pasada, a partir del próximo año iniciará la apertura del mercado de las gasolinas.

Será una apertura discrecional que dependerá de la opinión de la Comisión Federal de Competencia Económica que a través de la Comisión Reguladora de Energía decidirá quién está listo para un mercado maduro de oferta y demanda y quién necesita que se mantenga el trato infantil de un precio fijado por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.

Esto tiene lógica por los vicios creados por un mercado cerrado y controlado de manera discrecional. Por ejemplo, en las grandes ciudades no debería haber problema para estrenar el año nuevo con una gasolinera en cada esquina.

Pero en poblaciones pequeñas va a ser difícil romper las resistencias, porque al final depende de la autoridad local el dar permisos para nuevas estaciones. Esperemos que no sea el caso, pero por ejemplo, en Cozumel muchas gasolineras pertenecen a una sola familia, la de un político muy poderoso que además atiende asuntos energéticos.

O imagine el precio libre en la gasolinera de aquella carretera que le anuncia que la estación de servicio está a 150 kilómetros. Sin competencia, esa gasolinera le puede vender el litro en 30 pesos y usted paga.

Pero es un hecho que el 1 de enero subirán los precios de las gasolinas y que el fisco recaudará de manera puntual sus impuestos, que equivalen a la mitad del precio que paga el consumidor, entre el IEPS y el IVA.

Y que además de la carga impositiva, cualquier diferencia entre los márgenes de importación, producción, transportación, almacenaje, operación y ganancia será pagada por los consumidores.

El proceso que está por iniciar en poco más de dos meses era algo largamente aplazado en la economía mexicana y que tenía que aplicarse. El mercado cerrado de combustibles es por donde se vea una aberración.

Y en términos políticos, seguro que los promotores vieron como mejor alternativa alterar el avispero en el 2017 y no en año electoral, porque si bien los precios nunca volverán a tener el mismo comportamiento paternal de los controles predecibles, pueden la fascinación de tener muchas marcas y otra clase de servicio compensar a los consumidores.

Me parece que el riesgo político sí está medido ante una determinación que ya resultaba impostergable.