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La petición es que cerremos los ojos y esperemos a que el banco central de Estados Unidos nos recete una cachetada con el primer incremento en las tasas de interés.

No tener una fecha precisa sobre el momento en que iniciará su cambio de política monetaria, como tener los ojos cerrados y estar así, sin ver y esperando un golpe, es algo muy angustiante.

Si fuera literalmente una cachetada, quizá solamente es apretar los ojos y esperar el inminente golpe, se sufre esa expectativa de estar a punto de sentir la palma de la mano en el cachete y eventualmente se soba del tortazo.

Pero cuando se trata de un movimiento monetario de la economía más importante del mundo, los efectos son algo más complejos al momento de esperar esa cachetada del primer aumento de la tasa de interés de referencia de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed).

Hemos visto los efectos financieros en los mercados emergentes, primero con el engolosinamiento de tener tantos dólares disponibles y ahora con el inicio de su salida hacia el refugio del dólar y su promesa de mayores rendimientos.

Sin embargo, no es nada todavía comparado con lo que puede ocurrir el día que verdaderamente haya mejores premios en dólares.

Pero los efectos más indeseables de no tener idea de cuándo y cuánto subirán las tasas de interés en Estados Unidos se pueden sentir en su propia casa.

Primero en los mercados financieros. Algunos capitales se mueven de los mercados emergentes “a tiempo”, antes de que la salida en estampida pudiera complicar la comodidad de abandonar la moneda local, pasar a dólares y regresar a casa.

Habrá quien se quede hasta el último minuto por tener claro que podrá salir aunque sea corriendo, ya sea porque no se quieren perder esos rendimientos, porque les gusta la adrenalina o porque de plano controlan los mercados en los que participan.

Pero esos recursos que abandonan el mundo emergente y que todavía no encuentran buenos rendimientos en las tasas de interés engordan los mercados de renta variable, lo que claramente hemos visto en los máximos históricos de muchas bolsas del mundo desarrollado, empezando por Estados Unidos, pero también Londres o Alemania. Una burbuja que puede también estallar en el propio patio bursátil de su casa.

Los consumidores podrán sentirse confiados en que hay trabajo, hay inflaciones bajas, hay crecimiento. Pero no tienen la certeza de animarse a comprar una casa, un coche o cualquier otro producto de consumo que implique una tasa de interés variable.

Como sea, ya sufrieron el acelerado incremento de las tasas durante la mitad de la década pasada y saben que pueden perderlo todo ante la imposibilidad de pago de sus compromisos crediticios.

La Fed no salió a decir una fecha y un monto específicos para sus aumentos. Las apuestas apuntan más hacia septiembre que junio, pero nadie realmente lo sabe.

Así que lo que queda es seguir apretando el rostro financiero, con los ojos cerrados y esperar el bofetadón monetario que deberá propinar el banco central estadounidense.