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La semana pasada el portal Project Syndicate publicó un muy interesante artículo de Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía del 2001, titulado “Las Políticas de la Estupidez Económica”.

Stiglitz es actualmente catedrático de la Universidad de Columbia en Nueva York y en el pasado se ha desempeñado como miembro del Consejo de Asesores Económicos de la administración Clinton, de 1993 a 1995, y como presidente del mismo de 1995 a 1997. Stiglitz también fungió como economista en jefe y vicepresidente senior del Banco Mundial de 1997 al 2000. Es conocido por sus estudios y análisis sobre las consecuencias de la existencia de información asimétrica en los mercados y en las funciones de toma de decisión de los agentes económicos.

Su trabajo ha sido trascendente para el estudio y aplicación de teorías macroeconómicas, monetarias, de desarrollo, comercio y finanzas públicas y corporativas. Stiglitz fue pionero en la creación de conceptos como la selección adversa y el peligro moral (moral hazard, en inglés) que hoy son herramientas básicas para el diseño de política económica y regulación.

El objetivo del artículo es entender por qué en el 2014, a poco más de seis años que estalló la crisis financiera global, hay grandes bloques dentro de la economía global donde el crecimiento económico sigue siendo elusivo.

Para Stiglitz hay varias razones fundamentales detrás de la falta de crecimiento, pero todas, sin falta, tienen que ver con decisiones de política económica equivocadas. Aunque reconoce la gran labor de algunos bancos centrales, como la Fed, para estabilizar a los mercados financieros, Stiglitz concentra su crítica en la falta de audacia por parte de las autoridades fiscales para crear un entorno más propicio para el crecimiento.

El caso más relevante y preocupante, dice, es el de la eurozona, donde se han tomado medidas drásticas de austeridad fiscal. Para Stiglitz, lo que necesita la economía global es una reactivación de la demanda agregada y principalmente del consumo, algo que él argumenta no se logra a través de la política monetaria, pero si mediante decisiones adecuadas de política fiscal.

La receta tradicional de reformas estructurales, rescate bancario, austeridad y depreciación del tipo de cambio, no ha funcionado en la eurozona, porque los países se encuentran atrapados dentro de una moneda única y porque no hay un sistema bancario integrado.

Tanto Stiglitz como otros laureados economistas, como Paul Krugman, están de acuerdo en que se deben relajar las medidas de austeridad y otorgar un plazo más largo para que los países endeudados logren sus metas de reducción de déficit.

Esto no se debe interpretar como un pretexto para darle rienda suelta al gasto y olvidarse de la salud de las finanzas públicas, sino como una cuestión de ser más paciente y dar prioridad al gasto en sectores de alto impacto en la demanda agregada, como el financiamiento de los servicios básicos de la población como la educación y la salud, dejando en un plano secundario la inversión en infraestructura y otros subsidios que tienen un retorno más limitado.

Para el premio Nobel 2001, estas medidas servirían para robustecer la confianza del consumidor, reactivar la demanda agregada y resultar en tasas de crecimiento del PIB más aceleradas. Esto, a su vez, contribuiría a disminuir los niveles de endeudamiento soberano medidos en la razón deuda/PIB.