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Apenas el viernes referí aquí una encuesta del Gabinete de Comunicación Estratégica que no admitía controversia: 86 por ciento de los mexicanos consideraba acertada la actuación del secretario Miguel Ángel Osorio Chong al dialogar en la calle con los jóvenes del Politécnico el martes 30.

El estilo Osorio, lo nombraron varios. Política Siglo XXI, cantaron los más emocionados. Y es que era claro que el secretario de Gobernación había leído rápido la intemperie, sacado cálculos literalmente sobre la marcha, asumido el riesgo y ganado.

Fue, sin embargo, el primer capítulo de una serie sin guión final. El segundo encuentro (viernes 3) ya no fue tan luminoso. Por el contrario, se cuestionó que el gobierno federal entregara tanto a los inconformes. Y para el tercer capítulo, la asamblea general de las 44 escuelas en paro, la imagen de Osorio Superstar no lucía tan imponente.

Escribo sin conocer el tono en que la asamblea de los politécnicos le dirá NO a la propuesta del presidente Peña Nieto y el secretario Osorio Chong para reiniciar las clases. Lo que no estaba en duda era el NO.

Un NO que, por lo pronto, alargará la crisis una o dos semanas, si hay ánimo conciliador. O hasta fin de año, si las voces más radicales, que ya comenzaron a ganar posiciones, asumen el control y marcan el rumbo.

El personaje atento, cercano, valiente de Osorio Chong, que escucha y toma nota, se empequeñecería, quizá sería marginado, relevado como negociador y estigmatizado como una figura con encanto, pero ineficaz.

Una imagen sin gasolina que no lo llevaría muy lejos. No hasta 2018.