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Ofrezco una referencia histórica del tamaño del matadero mexicano al que me he referido en estos días.

La historia oficial de la Revolución mexicana repite canónicamente que el movimiento costó un millón de muertos.

La cifra viene de la comparación de los censos de población de 1910 y 1921. Según el censo de 1910 la población mexicana era de 15 millones 160 mil personas. El censo de 1921, registró solo 14 millones 334 mil, es decir 826 mil habitantes menos.

La manía de redondear los números para amplificar su efecto convirtió los 826 mil faltantes en un millón. Se dijo desde entonces, sonoramente: “Un millón de mexicanos costó la revolución.” La frase sugería que la violencia revolucionaria había sido terrible. Lo fue, pero no tanto.

La mayor parte de los 826 mil faltantes del censo de 1921, no murieron en los campos de batalla y en los otros mataderos de la Revolución. Hubo otras causas.

En primer lugar, la epidemia de influenza de 1918 que mató en el mundo a 40 millones de personas, y en México a unas 300 mil.

A los 300 mil muertos por la influenza hay que añadir los más de 220 mil mexicanos que, según el registro oficial estadunidense, simplemente se fueron al “otro lado”, en busca de refugio o trabajo (http://bit.ly/2bucLQV).

Muertos por la violencia y sus estragos —hambrunas, epidemias, etcétera— durante la Revolución mexicana pueden haber sido unos 300 mil.

Es más o menos la misma cantidad de muertes violentas que van dejándonos los primeros 18 años de nuestra democracia, en gran parte debido a la prohibición y la guerra contra drogas.

En el matadero mexicano de principios del siglo XXI han muerto tantos mexicanos como en el matadero bélico de la Revolución mexicana de principios del siglo XX.

¿No es hora de asumir y repudiar la brutalidad de la matanza, explicar sus causas, revisar la estrategia seguida, cambiar nuestra mirada y nuestras decisiones al respecto?

Si sacáramos de nuestra vida la prohibición de las drogas y la persecución del narco a que esa prohibición obliga, México sería hoy un país inconmensurablemente menos sangriento de lo que es y el matadero mexicano simplemente no existiría.

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