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Si Donald Trump ya fuera presidente de Estados Unidos y desde la Casa Blanca hubiera anunciado algo así como que tiene el respaldo del Congreso de su país para sacar a Estados Unidos del Tratado de Libre comercio de América del Norte (TLCAN) si sus dos socios no aceptan una renegociación, entonces sí sería prudente escuchar a la autoridad mexicana acceder a ello.

Pero adelantar que el gobierno mexicano estaría dispuesto a renegociar el exitoso acuerdo comercial trilateral sólo porque un candidato así lo dice es un profundo error. Si algo quisieran escuchar el Partido Republicano y su candidato es precisamente esto: que el gobierno mexicano le hace el caldo gordo a sus exabruptos.

Hace unos días Tim Kaine, compañero de fórmula de la demócrata 
Hillary Clinton, ofreció que durante los primeros 100 días de gobierno promoverían una reforma migratoria. De esta oferta de campaña no ha habido un solo pronunciamiento desde el Poder Ejecutivo mexicano.

Es muy importante para el gobierno mexicano no engancharse con los discursos de los demócratas y los republicanos en estos tres meses que tienen las campañas presidenciales por delante. Lo que se diga en campañas es un asunto meramente interno, por más estridentes que sean las palabras.

Puede dar gusto escuchar una iniciativa de reforma migratoria, puede dar temor la amenaza de terminar con el TLCAN, pero por ahora al gobierno mexicano le toca mantener una postura de Estado.

Modernizar el acuerdo trilateral, como lo enfocó el presidente Peña Nieto frente a su homólogo Barack Obama, es una reacción a una campaña electoral convertida en postura del gobierno mexicano ante el gobierno de Estados Unidos. Además, ante la ausencia del tercer socio canadiense.

Que quede claro que hoy ni el presidente demócrata Barack Obama ni el primer ministro canadiense, Justin Trudeau, han mostrado algún interés en renegociar el acuerdo trilateral. Es un tema de la campaña de los republicanos y ahí se tiene que quedar.

No debe caer muy bien al presidente demócrata en campaña por Hillary Clinton que desde México hagan eco de las propuestas de su contendiente.

Hablar hoy de renegociar el TLCAN es tan inútil como no entender que Barack Obama ya se va y que al gobierno mexicano no le daría tiempo suficiente ni tiene el momento político adecuado para proponer algo así.

Porque el TLCAN es un acuerdo que tiene el aval de los congresos de cada uno de los tres países; por lo tanto, ése es el camino adecuado para hacer algún cambio.

El NAFTA (por su sigla en inglés) no es un juguete de piezas intercambiables: es un conjunto que es o no es, y hoy los ánimos calentados por Trump invitarían a que si se quiere “modernizar” o “fortalecer” el acuerdo, lo único que se lograría sería su destrucción.

Estamos en el calor más intenso de las campañas políticas y no es momento de fijar posturas de Estado.

Si llega enero del 2017 y el que jura como presidente de Estados Unidos es Donald Trump, habría todavía que esperar a que tomara alguna decisión ejecutiva suficiente para limitar el alcance del TLCAN. Si comprueba que tiene de su lado una mayoría del Congreso para abrir el acuerdo, entonces sí habría que fijar una postura para salvar lo más que se pueda del acuerdo.

El adelantar la disposición de México de abrir el tratado para fortalecerlo, muestra una involuntaria alineación temerosa con los postulados viscerales de Donald Trump.

Ofrecer el TLCAN es mostrar temor a Trump - val_int_tlcan_270716
Foto de El Economista