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En su discurso de nominación como candidato presidencial, Donald Trump tocó por fin la sinfonía completa de su visión del mundo.

Fue una suma de todos los pasajes que había ido dejando en el camino puestos en una sola, simple, resonante, versión.

Nada tan complicado como la simplicidad del discurso de Trump. Sus exageraciones son tan visibles como su fuerza, la falsedad o inexactitud de sus hechos no disminuye la efectividad contagiosa de sus emociones.

“Hay método en su locura”, dice Polonio de Hamlet. Hay método en la demagogia apocalíptica de Trump.

Quiere ponerse por encima de los hechos, establecer en sus oyentes los temores de una siniestra realidad paralela, que todos callan y solo él se atreve a describir.

La describe escogiendo y exagerando líneas de la realidad de todos los días y subiendo cada pieza al tejido de un dibujo previo, atroz, cuyo conjunto no puede sino dar miedo.

No es un discurso hecho para generar adhesión o entusiasmo, sino para generar miedo, y la urgencia de alguien que lo cure, que conjure las amenazas: el Protector.

Trump hace el retrato, a la vez desafiante y melancólico, de un mundo en caída libre hacia el caos, y de unos Estados Unidos en complacida decadencia, postrado indignamente ante sus males, empobrecido por sus gobiernos, abusado por sus socios, ruinoso en su infraestructura, violentado en sus calles por el crimen y asechado en sus fronteras por vecinos y terroristas.

No hay en el retrato nada que Trump no hubiera dicho antes, pero está todo puesto aquí en una versión acabada como una mónada, de inquietante coherencia interna y, yo diría, de un poder incantatorio.

El discurso está hecho con una sucesión de mantras amenazantes, engarzados por el mantra mayor que es el que recuerda que el apocalipsis tiene una salida y un salvador, precisamente Trump, el hombre que se atreve a nombrarlo.

La mónada apocalíptica de Trump se cierra sobre sí misma: solo puede resolverla quien la inventó. Han comprado ya esta mónada 12 millones de votantes en Estados Unidos, los que lo hicieron candidato. Para ganar la presidencia necesita 66 millones. ¿Puede conseguirlos?

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