Minuto a Minuto

Internacional Trump dice que no pedirá disculpas por video que muestra a los Obama como simios
Donald Trump también indicó que no va a despedir a la persona que realizó el video de Barack y Michelle Obama
Deportes Exjugadores de Patriots, molestos con Tom Brady por no apoyar al equipo en Super Bowl LX
Vince Wilfork le recriminó a Tom Brady por sus comentarios y destacó que sus afirmaciones no tienen que relacionarse con la "política"
Internacional “No los ven humanos”: así es el único centro de detención para familias migrantes en EE.UU.
Las condiciones en el centro de detención para migrantes en EE.UU. carecen de atención media y atención infantil adecuada
Internacional Nueva York legaliza muerte asistida con protección adicional y entrará en vigor en julio
Nueva York se sumará a los 13 estados de EE.UU. que permite la muerte asistida, después de que Oregón fuera pionero en 1994
Nacional Representante de ONU-DH dialoga con la FGR sobre protocolos de investigación
ONU-DH expresó su preocupación por la crisis de derechos humanos debido a los altos índices de violencia que se registran en el país

En su discurso de nominación como candidato presidencial, Donald Trump tocó por fin la sinfonía completa de su visión del mundo.

Fue una suma de todos los pasajes que había ido dejando en el camino puestos en una sola, simple, resonante, versión.

Nada tan complicado como la simplicidad del discurso de Trump. Sus exageraciones son tan visibles como su fuerza, la falsedad o inexactitud de sus hechos no disminuye la efectividad contagiosa de sus emociones.

“Hay método en su locura”, dice Polonio de Hamlet. Hay método en la demagogia apocalíptica de Trump.

Quiere ponerse por encima de los hechos, establecer en sus oyentes los temores de una siniestra realidad paralela, que todos callan y solo él se atreve a describir.

La describe escogiendo y exagerando líneas de la realidad de todos los días y subiendo cada pieza al tejido de un dibujo previo, atroz, cuyo conjunto no puede sino dar miedo.

No es un discurso hecho para generar adhesión o entusiasmo, sino para generar miedo, y la urgencia de alguien que lo cure, que conjure las amenazas: el Protector.

Trump hace el retrato, a la vez desafiante y melancólico, de un mundo en caída libre hacia el caos, y de unos Estados Unidos en complacida decadencia, postrado indignamente ante sus males, empobrecido por sus gobiernos, abusado por sus socios, ruinoso en su infraestructura, violentado en sus calles por el crimen y asechado en sus fronteras por vecinos y terroristas.

No hay en el retrato nada que Trump no hubiera dicho antes, pero está todo puesto aquí en una versión acabada como una mónada, de inquietante coherencia interna y, yo diría, de un poder incantatorio.

El discurso está hecho con una sucesión de mantras amenazantes, engarzados por el mantra mayor que es el que recuerda que el apocalipsis tiene una salida y un salvador, precisamente Trump, el hombre que se atreve a nombrarlo.

La mónada apocalíptica de Trump se cierra sobre sí misma: solo puede resolverla quien la inventó. Han comprado ya esta mónada 12 millones de votantes en Estados Unidos, los que lo hicieron candidato. Para ganar la presidencia necesita 66 millones. ¿Puede conseguirlos?

[email protected]