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La semana pasada el precio del petróleo Brent superó la barrera de 50 dólares por barril por primera vez desde octubre del año pasado, marcando un aumento de aproximadamente 90% desde los mínimos de 26 dólares por barril de enero de este año.

Aunque parezca muy lejano, vale la pena recordar que apenas hace 20 meses el valor del barril del petróleo Brent se ubicaba cerca de los 100 dólares. Ante esta recuperación muchos observadores se preguntan si estamos ante un alivio temporal o si nos encontramos en un proceso de estabilización del que se podría generar una nueva tendencia alcista.

Aunque la reciente recuperación de los precios ha sido ayudada por algunos factores coyunturales que han restringido la producción, como los incendios en Canadá y disrupciones en Nigeria y Libia, para entender mejor si estamos ante un cambio de tendencia o un rebote temporal es necesario revisar las razones fundamentales que han detonado el cambio estructural en el mercado petrolero durante los últimos 20 meses.

Dentro de las principales razones que le han dado forma a esta nueva era de precios de petróleo bajos destacan: I) una disminución en el ritmo de crecimiento de la demanda debido a la desaceleración de los principales consumidores de petróleo a nivel global; II) un aumento importante en la oferta de crudo por parte de países no miembros de la OPEP (principalmente Estados Unidos, a raíz del boom del shale oil); III) la decisión de la OPEP de no racionar su nivel de producción, y IV) la fuerte apreciación del dólar.

Aunque la demanda ha tenido un comportamiento mejor a lo esperado, en lo que va de este año, el principal cambio ha venido por el lado de la oferta. Mientras que la demanda sigue sin registrar una recuperación tangible, la oferta de crudo se ha venido ajustando como consecuencia de la misma caída en los precios.

Como hemos puntualizado en ediciones anteriores de “Sin Fronteras”, el nuevo entorno de precios se ha encargado de desatar un proceso de destrucción de oferta que no es temporal pero que podría tomar tiempo en reflejarse en el mercado.

La principal disminución en la oferta ha venido de las fuentes de producción con costos más altos, como el shale oil en Estados Unidos. La producción de crudo en el país vecino ha registrado una disminución importante de un pico de 9.7 millones de barriles diarios hace un año a 9.2 millones de barriles diarios, su nivel más bajo desde septiembre del 2014. Aunque esta cifra podría seguir ajustándose a la baja, esto dependerá del entorno de precios.

Si los precios del crudo se mantienen cerca de los 50 dólares podríamos ver una reactivación de la producción de algunos yacimientos de shale oil. Por otro lado, aunque Arabia Saudita no ha recortado su nivel de producción, tampoco lo ha aumentado, manteniéndolo prácticamente estable desde hace casi un año.

Claramente, el nuevo entorno de precios bajos ha desincentivado la exploración y extracción de petróleo de los yacimientos de mayor costo (como el shale oil, las arenas y las aguas profundas). Sin embargo, también queda claro que cualquier alza en los precios tendrá el efecto contrario, incentivando un aumento importante en la producción de dichas fuentes.

En ausencia de choques geopolíticos, los expertos consideran que los mínimos observados en enero fueron una sobrerreacción y anticipan que el nuevo paradigma petrolero implica un precio del crudo en una banda entre 40 y 60 dólares por barril, pero el riesgo de una nueva sobrerreacción a la baja no puede ser descartado. El riesgo de sobrerreacción al alza tampoco se puede descartar pero su probabilidad parece mucho menor.