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A principios de esta semana y después de meses de rumores, el Fondo Monetario Internacional (FMI) finalmente anunció la incorporación del yuan a su lista de monedas de reserva, sumándose al dólar, el euro, el yen y la libra esterlina.

El peso específico del yuan dentro de la canasta de monedas de reserva es de 11%, solamente detrás del dólar y el euro en importancia y por arriba del yen y de la libra esterlina. Esta decisión representa un hito histórico, ya que es la primera vez que el FMI otorga este estatus a la moneda de un país emergente y más aun, a una divisa cuya cotización sigue estando parcialmente controlada por el gobierno.

Esta decisión cumple uno de los deseos más fervientes del nuevo liderazgo en China, pero trae consigo una serie de compromisos para continuar el proceso de liberalización de la cotización del yuan y permitir que se convierta en una divisa amplia y libremente disponible.

Históricamente, la paridad del yuan contra el dólar ha sido controlada por el gobierno chino bajo diferentes mecanismos. Entre 1970 y el 2005, la paridad del yuan frente al dólar fue fijada por el gobierno chino a su conveniencia.

A partir del 2005, el régimen cambiario se flexibilizó un poco, permitiendo que la paridad del yuan frente a una canasta de monedas, incluyendo el dólar, el euro y el yen japonés entre otras, fluctuara diariamente dentro de una banda preestablecida de 0.5% con respecto al valor de referencia establecido por el Banco Popular de China.

Sin embargo, desde mediados del 2008 —en medio de la crisis financiera y después de una considerable apreciación del yuan— y hasta principios del 2010, China decidió reestablecer el mecanismo de paridad fija.

A partir de esa fecha, el gobierno chino reimplemento el mecanismo semiflotante que rige hasta ahora y que fue sacudido por la decisión de permitir que el yuan se depreciara casi 5% de un día para otro en agosto de este año.

En aquel momento, el gobierno chino argumentó que la decisión de permitir una mayor fluctuación en el yuan era parte de un proceso gradual a través del cual disminuiría gradualmente la intervención hasta eliminar el mecanismo de flotación del yuan. Este proceso gradual para minimizar la intervención del gobierno en la cotización del yuan es una condición necesaria más no suficiente para que esta divisa cumpla su papel de moneda de reserva, de acuerdo a la definición del FMI.

Para el FMI, una moneda de reserva debe ser amplia y libremente usada. El yuan es sin duda una divisa ampliamente usada para liquidar operaciones financieras y comerciales con contrapartes chinas, pero difícilmente se podría argumentar que es una moneda usada libremente.

Por un lado, la economía China aún mantiene controles de capitales que restringen la compra-venta de activos y la entrada y salida de divisas desde y hacia China. Por otro lado, la política monetaria sigue siendo dictada centralmente y el sistema financiero aún mantiene un alto nivel de intervención por parte del estado.

La decisión del FMI no se podría entender sin un compromiso firme de China para reducir su intervención sobre la cotización del yuan, pero el compromiso también debe contemplar una profundización de las reformas en el sistema monetario y financiero, así como un compromiso para reducir y eventualmente eliminar los controles de capitales.

Históricamente, China ha sido muy renuente a soltar el control sobre su divisa y su sistema financiero. La inclusión del yuan como moneda de reserva por parte del FMI podría cambiar esta historia.