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Un ex funcionario público no puede hacer críticas al gobierno en turno, a menos, claro, que se trate de una buena referencia.

Esto es parte de los usos y costumbres de la política mexicana. Es un ritual que se debe cumplir de manera puntual desde los ex presidentes hasta secretarios y subsecretarios de Estado. Porque siempre correrán el riesgo de que como respuesta a sus críticas pudieran aparecer algunos expedientes de su paso por la vida pública.

Y, claro, los que buscan chamba en el nuevo gobierno suelen adular a los posibles empleadores, porque eso del beso en la bota también es parte de las costumbres políticas mexicanas.

Hay un personaje que tuvo un alto nivel en el gobierno mexicano que hoy es un activo participante de la vida política local, desde una posición internacional.

José Ángel Gurría es uno de esos pocos mexicanos que a pesar de haber estado en posiciones importantes en el gobierno federal no deben cumplir con el ritual de la política mexicana del voto de silencio.

Gurría Treviño es cabeza de un club de países que tienen como característica el desarrollo o al menos, como en el caso de México, un camino hacia esa industrialización. No es de membresía obligatoria y sí por el contrario se reservan el derecho de admisión.

Organismos como el Fondo Monetario Internacional tienen que evaluar a sus socios porque hay recursos financieros de por medio, pero la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), no.

Así que José Ángel Gurría en su calidad de secretario general de la OCDE y en su condición de mexicano bien informado tiene elementos suficientes para hacer buenas críticas sobre la condición interna, aunque no siempre pudieran ser políticamente correctas.

Es un hecho que este priísta, ex secretario de Hacienda, solía ser más crítico con el gobierno anterior que con el actual, pero como sea gusta eventualmente de poner en su lugar a los que desde el poder local se pasan de optimistas.

Al gobierno de Calderón lo acusaba de retrasar al país con fines electorales y al gobierno de Peña Nieto le pide precaución y cuidado.

En las mediciones cotidianas de la OCDE, México siempre saldrá abajo en los indicadores de riqueza y arriba en los que tengan que ver con la falta de desarrollo, es el riesgo de ser la cola del león de un club de ricos.

Pero Gurría pide a México, a su gobierno, que no se confíen en que lo peor de la desaceleración ya quedó atrás. Y es oportuno el llamado en momentos en que algunos funcionarios públicos empiezan a hablar en pasado de las calamidades económico-financieras.

Es un hecho que Gurría le echa muchas porras al gobierno de Peña Nieto, pero de vez en cuando echa también cubetadas de agua fría para recordar que hay informalidad, desigualdad, salarios bajos, problemas financieros locales que necesitan atención más que autocomplacencia.

Gurría tiene trabajo y uno muy bueno, pero también tiene su corazoncito. Nada abierto, nada explícito, pero siempre será un legítimo deseo de un político el llegar a la máxima posición política de sus países. ¿O no?