Hasta ese día, los mexicanos estábamos convencidos que no hay en la clase política del país un solo adversario para suceder a Claudia, porque están seguros de lo que diga su dedito será lo que pasará. Yo ya tengo gallo
Muchos leímos, porque no fue transmitido por tele, el discurso que el 23 de marzo de 1994 bajo la bóveda del monumento a la Revolución dijo Luis Donaldo Colosio Murrieta, candidato a la presidencia de la República, el más importante pronunciamiento de su vida. Pocos intuíamos el futuro, que a la persona de Luis Donaldo iba a marcar ese discurso: su asesinato.
Fue después que discernimos las coincidencias de aquella pieza de oratoria que se constriñó en la frase del presagio: yo veo un México con hambre y sed de justicia, un México de gente agraviada, gente afligida por el abuso de las autoridades decía el discurso, y las distorsiones que imponen a la ley quienes deberían cumplirla. Y que se ponga el saco aquel a quien le quede.
Nada podíamos imaginar que el candidato del partido ganador iba a ser asesinado dos o tres semanas después al finalizar un mitin en Lomas Taurinas. Fue entonces que caímos en la cuenta de que Colosio Murrieta estaba evocando las palabras dichas hoy hace 63 años en Washington. Dijo entonces Martin Luther King: Yo tengo un sueño. Sueño que un día esta nación haya establecido plenamente nuestra convicción de que todos hemos nacido siendo iguales.
En el pleno legislativo, el hijo de aquel Luis Donaldo Colosio Murrieta entregó a sus colegas una pieza oratoria sin desperdicio, poniendo a la administración actual, de la señora presidenta con A, peor que un lazo de cochino, al dar respuesta al mal llamado informe de segundo año de logros. Exhibió el Colosio chiquillo con precisión, los chanchullos, mentiras y trampas del ejecutivo. Y le dijo -con todo respeto- a la presidenta con A de mujer todo lo que está haciendo mal.
Un discurso que caló hondo. Tan hondo, que le mandaron la orden al gobernador de Sonora, un tal Alfonso Durazo Montaño, ajonjolí de todos los moles y salsa de todas las pandillas, para que le diera respuesta y le insultara, a que se lanzara a fondo para descalificar a Colosio, insultarlo, denigrarlo y dejarlo hecho pinole.
Y eso, que son como uña y mugre. Sólo para hacerle un favor.
Hasta ese día, los mexicanos estábamos convencidos que no hay en la clase política del país un solo adversario para suceder a Claudia, porque están seguros de lo que diga su dedito será lo que pasará. Yo ya tengo gallo.
PILÓN PARA LA MAÑANERA DEL PUEBLO (porque no dejan entrar sin tapabocas): Enrique Peña Nieto, expresidente, cuando le llovía parejo de la oposición, que ahora manda, acudía a un procaz proverbio de la mexicanada: si hablo soy soberbio; si me quedo callado soy temeroso. No hay chile que les embone.
La administración actual, cuando recibe acusaciones del Departamento de Justicia del gabacho porque Rocha Moya y su pandilla son miembros del cartel de Sinaloa, es una ofensa tremebunda a la soberanía nacional. Si el jefe de la DEA le echa porras al favorito de palacio García Harfuch es que esta bola de cabrones de Washington quieren dividir a los mexicanos morenos.
No, no hay chile que les embone.
