El temor es que, acorralado y consciente de la ilegalidad de muchos de sus actos, recurra a la fuerza militar para impedir que, sin el apoyo del Congreso, sea sometido a un tercer juicio político y eventualmente destituido
El presidente Donald Trump se aproxima a un punto de no retorno, que podría generar graves repercusiones para Estados Unidos y el mundo entero.

Agobiado por la inminente posibilidad de que los demócratas obtengan el control mayoritario de las dos Cámaras del Congreso, en la elección, en noviembre próximo, que determinará su futuro político. También, el de numerosas “oportunidades” empresariales multimillonarias, -ahora más fáciles por su cargo, como la concesión exclusiva para explotar uno de los más grandes yacimientos de tungsteno y otros minerales raros en el mundo, a través de la empresa Cove Kaz, gracias a una concesión, que le regaló Kassym-Jomart Tokayev, presidente de Kazajistán, durante su visita a Estados Unidos.

Proyecto manejado por Eric y Donald Trump Jr., así como Kyle y Brandon Lutnick, hijos de Howard Lutnick, secretario de Comercio, quien ya firmó el convenio, que permitirá que la empresa Cove Kaz reciba un “apoyo financiero” de mil 700 millones de dólares de contribuyentes, para levantar la infraestructura necesaria.
Los Trump y los Lutnick participan en otras empresas que abastecen de minerales raros al Pentágono, como Vulcan Elements y ReElement Technologies, que en 2025 anunciaron convenios para una “sociedad con el gobierno federal” de mil 400 millones de dólares.

Adicionalmente, los hijos de Trump son socios de Powerus, empresa fabricante de drones que impulsaron mediante un “préstamo” de 620 millones de dólares del Pentágono, para desarrollar drones autónomos de defensa, con inteligencia artificial, para eliminar enemigos.

El “logro empresarial” más reciente de Donald Trump Jr. es su compromiso para servir como integrante del consejo de administración, “asesor responsable de ejecutar estrategias de mercado, de alianzas comerciales y vocero de la empresa a cambio de 300,000 acciones de la empresa “Grab a Gun” (Toma una Pistola), equivalentes al 1.1% de acciones de esa compañía, que busca convertirse en el “Amazon” para la venta de armas.
Por esa razón, que Trump no quiere perder y que, ante un creciente rechazo, críticas, burlas, por sus promesas rotas y políticas fallidas de un gobierno visto con cada vez más desconfianza en el mundo, lo vuelve más agresivo.
Fracasos que iniciaron con autoritarias tarifas ilegales en 2025, que crearon tensión y confrontación en todo el mundo, desestabilizaron el comercio y finanzas internacionales, frenaron el crecimiento económico global, seguidas de la desgastante guerra contra Irán, primero en septiembre de 2025 y luego en febrero de 2026.
Este domingo Trump rompió el cese al fuego, con insultos al desafiante gobierno de Irán y bombardeo de 80 objetivos, entre ellos plantas desalinizadoras de agua, lo que podría ser un crimen de guerra.
Ataques que dijo, continuarán, a riesgo de otro incremento al precio del petróleo, agotamiento del arsenal estratégico norteamericano, porque sin visión y con limitada comprensión de lo que ha sido el papel de Estados Unidos en el mundo, no encuentra la forma de terminar el conflicto, en el que dice haber triunfado.
Inicialmente Trump creyó que su orden de redistribución de distritos a 14 gobernadores republicanos y 68 reformas electorales en esas entidades, asegurarían su triunfo, en la elección de fin de año.
Luego, presionó al líder republicano en el Senado, John Thune, para que elimine el método de votación “filibustero,” que requiere el apoyo de dos tercios de la Cámara Alta, para la aprobación de proyectos de ley.
“Sólo podemos perder las elecciones de medio término si somos tontos, estúpidos y poco listos, pero si terminamos el filibustero, debemos aprobar de inmediato la Ley SAVE América, entonces no perderemos una elección en 100 años, no perderemos en 100 años,” dijo Trump durante un discurso en Rushmore, el 4 de julio.
La ley, que enfrenta fuerte oposición, impondría restricciones nunca vistas para votar, como la exigencia de pasaporte o acta de nacimiento, sólo boletas impresas, eliminar máquinas de votación, limitar tiempos de conteo de boletas, horarios de casillas y, sobre todo, daría a Trump injerencia en los comicios, que la Constitución no le autoriza.
Pero Thune sabe que un inminente triunfo demócrata revertiría el efecto contra los republicanos, lo que lleva a Trump a buscar alternativas con todo el poder presidencial.
Ahora, desesperado, Trump amenaza con recortar fondos por mil millones de dólares del gobierno federal a los estados, para la prevención de ataques terroristas, si no acatan su Orden Ejecutiva 14248, para la verificación de ciudadanía, boletas impresas y cambios en el procedimiento de la elección.
No sólo eso, también ordenó al Departamento de Justicia enviar cartas de “advertencia” de 7 páginas a las máximas autoridades electorales de los 50 estados y el Distrito de Columbia, firmadas por la subprocuradora Harmeet Dhillon, sobre “posibles procesos federales si permiten el voto de personas sin documentos.”
Trump argumenta en 2016 que “miles de indocumentados votaron por la candidata demócrata Hillary Clinton”, lo que se comprobó es falso.
Pero se niega a comprender que la traición a sus promesas de campaña ocasiona la deserción masiva de quienes, ilusos, le creyeron y facilitaron su retorno a la Casa Blanca, insistiendo en que “tiene ganada la elección.”
La cifra récord de desaprobación de su manejo de la economía, superior al 72%, contra 22% que lo apoya, anticipa que los republicanos perderían la frágil mayoría en las dos Cámaras del Congreso, en noviembre.
Trump prometió mejorar la economía y en su lugar, duplicó precios de combustibles y alimentos; controlar la inflación de 2.7% que disparó a 4.5%, reducir la deuda externa, que ya rebasó el límite, facilitar la atención a la salud, de la que privó a 24 millones de personas.
Prometió no involucrar más a Estados Unidos en guerras y promover la paz en el mundo, cuando en realidad las impulsó y financió, como el genocidio israelí en Gaza, donde creó un “Buró para la Paz” para sustituir al Consejo de Seguridad de la ONU, y del que se autonombró “presidente vitalicio,” con facultad absoluta para manejar a su voluntad un fondo de miles de millones de dólares, en el que -sin aprobación del Congreso- Estados Unidos “aportó” 10 mil millones.
Favorece la agenda de Moscú, eliminando el liderazgo global de esta potencia, suspendiendo la ayuda militar a Ucrania para defenderse de la invasión rusa, levantó sanciones económicas contra Rusia para que aumente la exportación petrolera.
Participa y financia una segunda ofensiva contra Irán, bajo el falso argumento de “bombas nucleares,” de Israel, que sueña expandir el Estado judío, y solo ha incendiado todo Medio Oriente.

Debilitó a una cada vez más desconfiada OTAN, que insultó “por no haber respondido a su invitación de ayuda en el estrecho de Ormuz,” cerrado a consecuencia de la guerra que él inició, sin informar a aliados europeos, cuyas economías dejaron de crecer y que sufren los efectos de la escasez y alto costo de combustibles.
También, por la solidaria defensa y protección de Groenlandia, que insistió, tratará de invadir.
Trump ha encontrado en la agresividad y ataques inéditos la mejor forma de “protección” contra la desconfianza de la comunidad internacional, contra contendientes demócratas, que insulta, igual que a jueces que fallan en contra de sus “Proyectos de Vanidad,” contra valientes mujeres periodistas que cuestionan sus acciones y decisiones, contra fieles legisladores seguidores, que exigieron la difusión de los archivos de Epstein, donde la mención de su nombre en documentos, mensajes, fotos y videos, solo es superada por la del pederasta millonario, su alma gemela y contra todo quien lo contradice.
El temor es que, acorralado y consciente de la ilegalidad de muchos de sus actos, recurra a la fuerza militar para impedir que, sin el apoyo del Congreso, sea sometido a un tercer juicio político y eventualmente destituido.
