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El calor no es solo incomodidad
Foto de Immo Wegmann en Unsplash

No es inusual que, durante esta temporada, los servicios de urgencias reciban pacientes con temperatura alta en extremo, alteraciones del estado mental o convulsiones. Se trata, por lo general, de personas que realizaron actividades al aire libre o permanecieron periodos prolongados en espacios con ventilación deficiente. Todos hemos escuchado el término “golpe de calor”, pero ¿qué es realmente y cómo afecta al organismo?

Aunque el golpe de calor se define técnicamente como una temperatura central superior a los 40°C acompañada de una disfunción del sistema nervioso central, existen pródromos —síntomas iniciales— que permiten identificarlo a tiempo. El factor determinante que diferencia el golpe de calor del agotamiento por calor es la alteración del estado mental: confusión, delirio, cambios de comportamiento, agitación o habla arrastrada. En etapas tempranas, también pueden presentarse mareos, debilidad, náuseas y vómitos; en casos críticos, el cuadro progresa a convulsiones e incontinencia.

Durante un episodio, es común observar un aumento en las frecuencias cardiaca y respiratoria, así como hipotensión. Es vital distinguir las variantes: mientras que la sudoración es típica del golpe de calor por esfuerzo, en el golpe de calor “clásico” la piel suele presentarse caliente y seca.

La prevención comienza con la identificación de los grupos vulnerables: niños, adultos mayores y quienes trabajan a la intemperie en climas áridos. Mantener espacios frescos mediante aire acondicionado o nebulización es fundamental. No obstante, hay un dato crucial que suele ignorarse: los ventiladores son ineficaces si la temperatura supera los 37.2°C en condiciones secas (donde incluso pueden ser perjudiciales), aunque mantienen su utilidad hasta los 42°C en ambientes húmedos.

Ante la sospecha de un golpe de calor, la intervención inmediata es imperativa:
1. Trasladar a la persona a un lugar techado, fresco y ventilado.
2. Retirar el exceso de ropa.
3. Iniciar enfriamiento rápido, idealmente mediante inmersión en agua fría.
4. Administrar agua por vía oral, únicamente si el paciente está consciente y la tolera.

Si una persona presenta señales de alarma tras una exposición prolongada al sol, debe ser trasladada de inmediato a un hospital. El calor no solo agota; el calor también cobra vidas.

Dr. Maximiliano Téllez-Girón
@DrTellezGiron