Esta revolución en favor del frijol va más allá del eslogan presidencial de “Somos frijoleros”, y del recordatorio de que, antes, era ¿para qué quieres más de dos pares de zapatos, si con uno es suficiente; y hoy, ¿para qué quieres carne si tienes frijoles?
Detrás del llamado de Sheinbaum a comer frijoles, hay millones de pesos que obligan a ser un sabueso contra desfalcos, al nuevo auditor de la Federación, quien debe demostrar estar ahí por méritos propios, y no por ser hijo de un exsecretario de la presidenta.
En el papel, el plan de compra de frijol bajo esquemas de precios de garantía busca proteger al productor. Pero en la práctica, parece réplica del modelo Segalmex en el sexenio pasado: lleva al gobierno a pagar hasta cuatro veces el valor de mercado.
Esta revolución en favor del frijol va más allá del eslogan presidencial de “Somos frijoleros”, y del recordatorio de que, antes, era ¿para qué quieres más de dos pares de zapatos, si con uno es suficiente; y hoy, ¿para qué quieres carne si tienes frijoles?
En teoría, el plan de compra de frijol a precio de garantía protege al productor, pero en la práctica, los números abren una pregunta: ¿Quién captura el margen que genera pagar muy por encima del mercado? Es decir, ¿quién se quedan con la lana?
El auditor Aureliano Hernández debe estar atento: el Estado compra hasta en 27 mil pesos la tonelada de frijol; mientras el mercado opera en rangos de hasta seis mil, y la brecha implica para el gobierno pagar hasta cuatro veces el valor de mercado.
Porque gobierno no tiene capacidad logística ni presupuestal para absorber toda la producción, y eso provoca que, por una parte del frijol entra al esquema oficial con sobreprecio, y por otra acaba vendiéndose en canales informales, a precios castigados.
¿Resultado? Se genera un mercado con fallas operativas que están ya muy documentadas en los últimos siete años, con pagos tardíos de hasta 90 días, saturación en centros de acopio, burocracia excesiva y falta de insumos logísticos.
Y ahí surge la sospecha: si el productor no recibe plenamente ese beneficio, y el mercado no lo refleja… alguien que esté metido en la cadena, sí lo aprovecha y se hincha en lana, amparado por un esquema de desvíos de recursos, que se asemeja al de Segalmex.
Las inquietudes son: ¿quien intermedia?, ¿quién decide los volúmenes?, ¿Quién tiene acceso al acopio? y ¿quién termina ganando con el diferencial? Porque el plan tiene triple falla: distorsiona precios, es ineficaz y genera condiciones prácticas discrecionales.
La consecuencia no sólo es fiscal (pagar de más), sino institucional (erosiona la confianza de los productores y del mercado). Si no se corrigen estos temas, el problema no será cuánto se paga por el frijol, sino quién se queda con la diferencia del dinero.
No todo es que Sheinbaum grite furibunda “Somos frijoleros y a mucha honra”.
Hay mucha lana detrás.
