Porque lo cierto es que la rendición de cuentas parece una simulación en un gobierno morenista que prometió ser diferente
LIC. RICARDO MONREAL,
LÍDER DE LA BANCADA DE MORENA,
CÁMARA DE DIPUTADOS:
+ No hagas cosas buenas
Que parezcan malas.
Refrán popular
Ahora que en la Cámara Baja están realizando entrevistas a los candidatos a ocupar la titularidad la Auditoría Superior de la Federación (ASF), convendría que los diputados a cargo de la tarea tomaran en cuenta que, a principios de semana, la presidenta Sheinbaum anunció la preparación de una propuesta para fortalecer a dicho organismo. La mandataria no abundó sobre los objetivos o por dónde iría su iniciativa, pero es de desear que tanto la Cámara como Palacio Nacional realizaran una profunda revisión de lo ocurrido en los últimos años.
Empecemos porque la fama pública de David Colmenares, el auditor saliente, no es la mejor. Seguramente coincidimos, don Ricardo, en que un auditor debe ser un profesional muy avezado y de una verticalidad a toda prueba. Pues los excolaboradores de don David no opinan lo mismo y señalan que conducía auditorías “a modo”. No me consta, pero no puedo olvidar que Agustín Caso Raphael, auditor de Desempeño, fue despedido con cajas destempladas después de que dio a conocer que la cancelación del NAIM tenía un costo de 330 mil millones de pesos. Tal cifra escandalizó al entonces inquilino de Palacio Nacional y la ASF, ni tarda ni perezosa, ajustó la cifra a la mitad. Faltaba más…
Otro prietito en el arroz fueron las auditorías preventivas que la ASF llevó a cabo en el proyecto de la refinería Dos Bocas. Partamos de la base de que las tareas preventivas para evitar el mal manejo de los recursos corresponden a los Órganos Internos de Control y, en su caso, a la Secretaría Anticorrupción y Buen Gobierno. A la ASF le compete revisar, a posteriori, cómo se gastaron los recursos. Y mire, don Ricardo, la labor preventiva de la ASF no sirvió para nada, porque en un solo año se adjudicaron 216 contratos sin licitación y se emitieron 162 órdenes de servicio. Por supuesto, la ASF ya no revisó ninguno de estos contratos y, como bien sabemos, Dos Bocas acabó costando tres veces más de los previsto.
Por cierto, no veo ninguna auditoría de ningún tipo sobre el Tren Maya ni el Aeropuerto Internacional “Felipe Ángeles”. Con eso de que se sellaron los expedientes, pues nos quedaremos con las ganas de saber cuántos desvíos y de qué tamaño ocurrieron en ambos megaproyectos.
En el reporte de la cuenta pública 2023, la ASF no encontró ningún error ni peso mal gastado en varias dependencias como las secretarías de Relaciones Exteriores, Seguridad y Protección Ciudadana, y Marina, donde se ejercieron casi 13 mil millones de pesos. En otros casos, la ASF determinó desvíos mínimos; por ejemplo, en la SADER, la cual maneja 17 mil millones, después de 66 auditorías apenas encontró fallas por 10 mil pesos. Como que no suena verosímil, señor diputado.
Usted coincidirá conmigo en que la corrupción es el principal problema del país y eso hace inexplicable que durante la gestión de Colmenares el número de denuncias por corrupción apenas llegaron a 275, siendo que el anterior auditor -en la era de los malditos neoliberales- presentó 878. Yo sé que el expresidente dijo barrer la corrupción como las escaleras, pero los escándalos denunciados por medios y ONGs nos indican que nunca utilizó la escoba.
Y para rematar, don David tuvo a bien ignorar al Sistema Nacional Anticorrupción, lo mismo que al Sistema Nacional de Fiscalización, siendo que tenía por obligación asistir y participar en las sesiones de ambos.
Los expertos en control de gestión, anticorrupción y transparencia sugieren que se haga una limpieza al interior de la ASF, acompañada de una fuerte capacitación sobre auditorías, tanto en sus aspectos técnicos como éticos. Si este cambio se da, la ASF no necesitaría dientes -para eso está la Fiscalía General de la República- porque ya los tendría a través de auditorías profundas y, en su caso, las denuncias correspondientes.
Desde luego, no todos las fallas en la administración pública implican dolo; también se da el caso de errores normativos, que pueden corregirse y transparentarse. Aquí hay otro cuello de botella, porque los resultados de las auditorías tardan alrededor de año y medio en rendirse, además de que se da poco seguimiento a las correcciones.
Ojalá que a la hora de seleccionar al próximo titular de la Auditoría Superior de la Federación -espero no se reelija Colmenares– tomen en cuenta quién es más capaz y más integro para dar cumplimiento a la Ley de Fiscalización y Rendición de Cuentas.
Porque lo cierto es que la rendición de cuentas parece una simulación en un gobierno morenista que prometió ser diferente.
+ Con la colaboración de Upa Ruiz
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