Esperemos que EUA e Israel hayan calculado las consecuencias de su ataque a Irán, el cual ya está costando muchas vidas inocentes. Aunque con Donald Trump en la Casa Blanca, nunca se sabe
JUAN RAMÓN DE LA FUENTE,
SECRETARIO DE RELACIONES EXTERIORES.
Duro golpe dieron Estados Unidos e Israel a Irán. Los bombardeos tuvieron lugar el fin de semana y en ellos murieron 48 personajes relevantes del gobierno iraní, entre los que se cuentan el Ayatolá Ali Jamenei; el ministro de Defensa, general Aziz Narsirzadeh; y el jefe del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria, general Mohammad Pakpour.
Como era de esperar, Irán contratacó con misiles dirigidos a Israel y a las bases militares estadounidenses ubicadas en ciudades de los Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Bahréin, Kuwait, Jordania y Arabia Saudita. Lamentablemente, derivado de los ataques de ambas partes hubo ciudadanos muertos e instalaciones civiles afectadas.
Los países europeos condenaron de inmediato la iniciativa bélica de EUA e Israel, al tiempo que la dependencia a su cargo, don Juan Ramón, emitió un comunicado haciendo un llamado a privilegiar la vía diplomática en vez de la fuerza.
Debo confesarle que cuesta entender esta iniciativa bélica. De acuerdo con medios internacionales, hasta hace tan poco como el jueves pasado, los enviados presidenciales Steve Witkoff y Jared Kushner se encontraban en Ginebra participando en negociaciones con el régimen iraní, para que este último cancelara su programa nuclear. Las pláticas no avanzaban lo suficiente para EUA, pero mucho menos para Arabia Saudita, país confrontado con Irán de tiempo atrás, y que al parecer habría presionado a nuestro vecino del norte para que acompañara a Israel en el ataque a Irán.
El motivo de la iniciativa bélica es, según ha expresado el presidente Donald Trump, que EUA enfrentaba amenazas inminentes de parte del régimen iraní, el cual trabajaba en el desarrollo de una arma nuclear y misiles de largo alcance que podrían llegar a América. Sin embargo, lo anterior no cuadra con lo que míster Trump aseveró en el verano de 2025, cuando EUA habría destruido las instalaciones del programa nuclear. Aún más, el Organismo Internacional de Energía Atómica afirma que no hay pruebas de que Irán haya reiniciado su programa de enriquecimiento de uranio, ni que estuviera construyendo un misil balístico, después del mencionado ataque. Asimismo, la directora de Inteligencia Nacional, Tulsi Gabbard, siempre se manifestó en contra de una guerra con Irán, pues consideraba poco probable que Irán representara una amenaza territorial (The Washington Post, 1/3/2026).
Lo cierto es que Irán sí es un obstáculo para la paz de la región. Se sabe que da alojamiento y ayuda a movimientos extremistas como Hezbolá en el Líbano, Hamás y la Yihad Islámica en Gaza y Cisjordania, y los hutíes en Yemen. También es conocido que el Ayatolá Alí Jamenei tenía un odio cerval contra EUA, país al que llamaba “El gran satán”.
Trump ha hecho un llamado a la población iraní a que terminen el trabajo del derrocamiento del régimen, aprovechando el vacío de poder. Sin embargo, no será fácil pues, según expertos, la oposición no está organizada; no debe olvidarse que el control social en Irán ha sido férreo, particularmente hacia las mujeres. Cualquier protesta social en defensa de las mujeres o de las libertades ha sido severamente reprimida. En síntesis, una operación aérea no se traduce automáticamente en una revolución.
El régimen muy probablemente se enfoque de momento a reorganizarse internamente con miras a la sucesión, pero tampoco será sencillo. Aun cuando está perfilada en la Constitución iraní, ésta se plantea en tiempos de paz, no de guerra, y solo tienen una experiencia previa de haberlo hecho.
Jamenei no había designado a ningún sucesor. Se especula si uno de sus hijos, Mojtaba, podría sucederle, pero hay el antecedente de que oponía a la transferencia del poder de manera hereditaria, para no parecerse a las dinastías de los shahs. El panorama es tan incierto que los expertos en Oriente Medio ven igualmente probable que tomen el poder representantes del ala dura -encabezados por la Guardia Revolucionaria Islámica-, lo mismo que un ala más moderada.
En la primera opción, se corre el riesgo de que los grupos extremistas se sumen a los ataques a instalaciones estadounidenses en la zona, con el agravante de que el asunto se convierta en una guerra regional. Incluso antes de que se decida la sucesión, los grupos extremistas pueden tomar la iniciativa; de hecho, Hezbolá lanzó ayer un ataque a una base militar en Haifa, a lo cual Israel respondió bombardeando Líbano, Beirut.
En la segunda alternativa, nada garantiza que el nuevo gobierno sea más proclive a los intereses de EUA.
El ataque a Irán también está provocando olas dentro de EUA. Legisladores del Comité de Inteligencia del Senado criticaron que los planteamientos que el Departamento de Estado y la CIA dieron sobre Irán no les convencen de que este país fuera una amenaza inminente (The New York Times, 1/3/2026). A lo anterior habría que agregar que una de las promesas más serias de míster Donald era no enfrascar a EUA en ninguna guerra en el exterior, que tanto dinero y tantas vidas han cobrado.
Esperemos que EUA e Israel hayan calculado las consecuencias de su ataque a Irán, el cual ya está costando muchas vidas inocentes. Aunque con Donald Trump en la Casa Blanca, nunca se sabe.
+ Con la colaboración de Upa Ruiz
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