Espero que de la lectura del libro de Scherer, el gobierno extraiga lecciones no solo los mecanismos – a veces aberrantes- de la toma de decisiones, sino también el peligro de decidir con escasa información
LIC. LÁZARO CÁRDENAS BATEL,
JEFE DE LA OFICINA DE LA PRESIDENCIA:
Por si usted no lo ha leído, me gustaría comentar con usted un par de pasajes del libro Ni venganza ni perdón, escrito por Julio Scherer Ibarra y Jorge Fernández Menéndez.
Empecemos por el villano.
“López-Gatell ya había manejado la anterior pandemia con Calderón. Calderón lo corrió y nosotros lo protegimos porque lo había corrido Calderón; entonces pensamos que era bueno. Otra vez estamos en eso de 10% de eficiencia y 90% de lealtad. La decisión que tomamos fue pésima. Y López- Gatell, como comunicador y operador, resultó funesto”.
En cuántas ocasiones los medios hicimos notar que las indicaciones de la Organización Mundial de Salud iban en sentido contrario de los lineamientos dictados por López-Gatell, empezando porque se debían hacer pruebas y más pruebas, así como imponer cercos sanitarios alrededor de los contagiados y darles seguimiento. En múltiples ocasiones criticamos que el sistema de monitoreo de don Hugo no era el adecuado, porque estaba basado en un método muestral y era para una enfermedad cuyo nivel de contagio era conocido, siendo que el COVID era totalmente nuevo para el mundo entero.
A medida que avanzaba la enfermedad, alrededor del mundo se iban conociendo casos de éxito en su manejo hospitalario; sin embargo, López-Gatell nunca organizó una línea de emergencia informativa para los médicos y enfermeras.
Pero tal vez la acción más criminal fue no incluir en las primeras remesas de vacunas a los médicos, enfermeras, laboratoristas y demás personal sanitario que laboraban en hospitales privados. En esta visión polarizante de ricos contra pobres, consideró que ese personal médico contaba con los recursos para irse a vacunar a EUA.
No alcanzo a entender cómo es que a lo largo de toda la pandemia, la crisis más grande a la que el mundo se ha enfrentado en décadas, el entonces presidente López Obrador siguió confiando en López-Gattel si su referente era -según Scherer– el manejo que las Fuerzas Armadas realizaban en sus instalaciones hospitalarias. Más todavía, Scherer narra que “hubo diferencias y distancias entre la jefa de Gobierno, que tenía la visión de que teníamos que cerrar la ciudad para que no fuera a haber un problema mayor, y López-Gatell, que afirmaba que había que mantenerla abierta. Eso generaba tensiones en el gabinete. Claudia Sheinbaum, acompañada por Zoé Robledo (director del IMSS), hizo una presentación espléndida al presidente de la República, frente a todo el gabinete, en donde saltaban a la vista las diferencias. El mandatario fue sensible al tema y les dijo: «Puede que yo no esté de acuerdo con eso, pero ustedes tienen la responsabilidad, tomen la decisión y adelante».
Los habitantes de la CDMX notamos las diferencias, empezando por el uso obligatorio del cubrebocas y el cierre casi total de la zona. Lugo vino la primera aplicación de la vacuna, la cual estuvo pésimamente planeada, con gente amontonada en las largas filas de espera; para la segunda aplicación, ya organizada por el gobierno capitalino, todo fluía y sin amontonamientos. ¿Acaso nadie le dijo al entonces presidente que López-Gatell seguía fallando? Nada más había que ver la cantidad de muertos que se acumularon, la mayoría evitables.
No obstante todo lo anterior, don Hugo ha sido recompensado con el cargo de representante de México ante la OMS. Así se las gastan en la 4T.
Ahora hablemos del héroe.
En su libro, Scherer se deshace en elogios hacia Omar García Harfuch, actual secretario de Seguridad y Protección Ciudadana. Tengo una buena opinión de él, pero lo escrito da la impresión de que el autor lo mira a través de los lentes del 2030.
“Sin duda, Omar es el personaje más valeroso que yo conozco. Quizá solo conozca a un personaje del servicio público más valeroso, o tanto como Omar: don Javier García Paniagua, su padre”.
“(…) Omar heredó todos los atributos de su papá, pero así como don Javier era un hombre muy gordo, Omar es muy atlético. Así como don Javier era un hombre de carácter muy fuerte, Omar es un hombre de carácter sensible y cuidadoso. Es un hombre de una generosidad en el diálogo espléndida; es una persona con la que se disfruta estar. (…) Hay que reconocer que el atentado se dio por las capacidades que demostró́ García Harfuch (durante su gestión como Secretario de Seguridad en la CDMX)”.
Después del atentado, el presidente López Obrador le pidió a Scherer “que le ofreciera irse de embajador al lugar que él quisiera. Y Omar, como es y por lo que es, me dijo que no, que ya había hablado con la jefa de Gobierno, con Claudia, «Y lo único que quiero —me dijo— es seguir sirviendo a mi país en la trinchera que me tocó. No quiero otra cosa. Agradécele —me pidió —, por favor, al señor presidente». El resto es historia”.
Espero que de la lectura del libro de Scherer, el gobierno extraiga lecciones no solo los mecanismos – a veces aberrantes- de la toma de decisiones, sino también el peligro de decidir con escasa información.
+ Con la colaboración de Upa Ruiz
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