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En el año 590, el papa Gregorio I modificó la lista de los pecados capitales, que eran ocho, a siete; fusionó el de la tristeza con el de la pereza, y no andaba tan errado. Desde entonces reconocemos siete faltas esenciales de nuestra conducta: gula, lujuria, avaricia, ira, pereza, vanidad y soberbia, aunque estas dos últimas se asemejen.

En estricto sentido, y siendo honestos, los humanos incurrimos en más de un pecado capital a la vez. ¿Quién de nosotros no se ha excedido en la satisfacción del apetito alimentario, sexual, monetario y de los otros? El que esté libre de pecado que lance la primera piedra.

Los políticos, que aunque nos resistamos a creer, son seres humanos, caen como cualquiera de nosotros en estas tentaciones. Dejo fuera la gula y la lujuria que todos compartimos: lo de ellos, es la avaricia, ira y soberbia.

En nuestros tiempos más recientes el pecador mayor del Universo se llama Donald Trump. Abundando en avaricia, vanidad y soberbia, su carta al gobierno de Noruega no tiene desperdicio para los pecadores. Dice el señor Trump en su escrito, que en vista de que el gobierno de Noruega no le concedió el premio Nobel de la Paz, el presidente de los Estados Unidos ya no considera la paz como su criterio principal.

¿Será eso una declaración de guerra al mundo entero? Yo así lo leo. Traduciendo: yo, Donald Trump, puedo a mi criterio hacer lo que me dé la gana, en donde se me antoje. Sea Venezuela, Gaza, Siria, México o Groenlandia.

Este es un presagio del desvanecimiento de la OTAN. Los socios europeos están preparando aranceles a todo lo que venga de Estados Unidos.

Es el pecado séptimo, la vanidad. Dice el diablo, en una película genial que se llama El Abogado del Diablo, que es su favorito.

PARA LA MAÑANERA DEL PUEBLO (porque no dejan entrar sin tapabocas): El otro día aterrizó en el aeropuerto de Toluca un avión de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos tipo Hercules C-130.

Cuestionada al respecto, la señora presidenta con A de Patria, aseveró que el aeroplano había hecho un vuelo pactado, negociado y aprobado por los dos gobiernos en el marco de la Coordinación operacional bilateral en materia de seguridad. Y que la misión del avión era recoger a funcionarios del gobierno mexicano para ser trasladados a los Estados Unidos y recibir ahí “capacitación”. Agregó que agentes gringos vienen a México a capacitarse.

Supongamos que es así, del verbo supositorio. El avión Hercules 130 es un viejo aeroplano para transporte de tropa. Le caben 75 paracaidistas con todo y equipo, 90 infanterías regulares, y todos entran y salen por la rampa trasera del avión.

Yo, que soy muy pendejo, quisiera saber cuántos alumnos de la milicia mexicana se fueron a capacitar. Y sobre todo ¿por dónde van a salir del avión?

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