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Hay detenciones que caen como balde de agua fría y otras que caen como limón exprimido directo en la herida. La captura de Edgar Rodríguez Ortiz, alias El Limones, pertenece a la segunda categoría. No sólo porque el apodo ya venía con vocación cítrica, sino porque su historial delictivo que no cabe en una tarjeta de presentación —líder sindical, narco, extorsión, secuestro, y operador del grupo criminal Los Cabrera— terminó por dejar un sabor amargo en un sector que presume pureza moral y predica “no somos iguales” y a cada nuevo acontecimiento delictuoso o de mal comportamiento civil de ellos o de sus adláteres, los ciudadanos rasos nos preguntamos: ¿no son iguales a quién?.

El Limones no llegó solo al escenario público. Venía acompañado —en fotos y videos— de Pedro Haces, diputado de Morena y dirigente nacional de la Confederación Autónoma de Trabajadores y Empleados (CATEM), organización sindical de la que Edgar N –ese es su nombre actual— era secretario de Organización en La Laguna, según se puede ver en internet (daiimotion.com/video/x989gr4) presidiendo una reunión sindical acompañado de Carlos Barraza y de Nassael Armando Covián. Este último secretario general de la CATEM en Durango y según lo dicho por Saúl López, delegado de la Alianza Mexicana de Organizaciones de Transportistas A.C., en el programa de Azucena Uresti, es cómplice de el Limones: “es imposible que Pedro Haces no lo supiera, él sabía perfectamente a lo que se dedicaban”.

En este país, los criminales ya no solo se infiltran en corporaciones policiacas o gobiernos municipales; ahora también hacen carrera sindical. Pasan de la extorsión al comité, del levantón a la asamblea. El sindicalismo de vanguardia: contratos colectivos con cláusula de silencio y prestaciones que incluyen impunidad y fuero moral.

El caso no es menor. No se trata sólo de una foto desafortunada ni de un dirigente “demasiado accesible”. Se trata de una estructura donde las líneas entre lo legal, lo político y lo criminal se esfuman con alarmante facilidad. Donde un presunto delincuente puede pasar de extorsionar ganaderos a organizar trabajadores sin que nadie se alarme… hasta que lo detienen.

El líder de los trabajadores y legislador, se deslindó del caso con una explicación que merece entrar a la antología del surrealismo mexicano. En el noticiero conducido por Luis Cárdenas dijo textualmente: “Este señor Limones que aparece ahí en una fotografía que se ha publicado en diferentes periódicos, (sic) yo no tengo porque pedirle un INE a quien se tome una foto conmigo, hay mucha gente que todos los días se toma fotos conmigo; lo puedes ver en la cámara, lo puedes constatar. Voy caminando y la gente te pide una foto y uno tiene que ser amable, eres una gente pública. El señor Limones no pertenece a CATEM”. (Un consejo: no aclares porque oscureces).

Las imágenes y videos que circulan en redes sociales no sólo desmienten el deslinde, sino que exhiben algo más incómodo: la normalización del trato entre política y sindicalismo con personajes que deberían aparecer únicamente en boletines de seguridad, no en organigramas laborales.

Otro político más que con sus acciones le da armas a la oposición para atacar a la 4T, mientras Morena guarda silencio. Un silencio espeso, disciplinado, casi sindical. Nadie quiere exprimir demasiado el tema, no vaya a ser que salpique y amargue la Navidad del líder sindical y de quien lo protege. Sin duda, el disimulo es una especialidad nacional, aquí los criminales se infiltran mientras los políticos se retratan y creen que los ciudadanos nos chupamos el dedo.

La escritora Sabina Berman, periodista a la que nadie puede tildar de derechista, escribió: “Una parte de Morena se ha envilecido, asemejándose a la clase política tradicional mexicana, es crucial distinguir a los corruptos dentro del movimiento y expulsarlos”. Yo, como Avellaneda en don Juan Tenorio digo: “Soy de la misma opinión”.

Punto final

Si el sindicalismo te da Limones Pedro: Haces como que no lo conoces.