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Franco, la muerte, hoy hace 50 años

Al final, y siempre, la muerte decide la condición de la vida.
Florestán.

Hoy hace cincuenta años, era la fría madrugada del jueves 20 de noviembre de 1975, en Madrid, y yo estaba de guardia en las afueras de la clínica de La Paz donde desde el viernes 7, ya muy grave, había sido internado Francisco Franco quien el martes 9 de octubre había sacudido a España con el primer parte informativo de su largo deterioro final. El Caudillo sufre una tromboflebitis aguda en la pierna derecha.

          Eso coincidió con un arrebato del presidente Luis Echeverría con este reportero que cubría el arranque de la campaña de José López Portillo, destapado candidato presidencial del PRI el lunes 22 de septiembre e iniciado la campaña en el Teatro de la República de Querétaro, el domingo 12 de octubre.

          Hubo una gran queja de Porfirio Muñoz Ledo recién llegado al PRI, al presidente Echeverría de que estaba provocando una división en el priísmo por mi cobertura y éste reclamó al señor Emilio Azcárraga Milmo quien habló con Jacobo Zabludovsky y me regresaron de la cobertura. Ya aquí me contó todo, le expliqué los motivos de Porfirio quien protestó porque no había pasado su nota, que sí pasó, pero él no la vio.

          Total, me mandó a Madrid. Igual se muere Franco y tú eres el único que tiene pasaporte español para entrar. El mismo Echeverría había roto antes las no relaciones.

          Le pedí que le dijera que no me fuera a quitar mi nacionalidad mexicana por usar mi otro pasaporte y me contestó: díselo tú y me mandó a Los Pinos donde me recibió a la medianoche, entre unos archivos y me dijo: ¡Cuídese, allí si matan a los periodistas! Se dio la vuelta y se fue. Avisé al señor Azcárraga, a mi casa y al día siguiente estaba en Madrid.

          Fueron días largos de un encarnizamiento médico con el dictador más muerto que vivo en su residencia de El Pardo y ya moribundo en la clínica.

          Los días habían pasado y la preocupación española en la calletambién. Solo quedaba en las redacciones de los periódicos y en la agencia CIFRA, de Ayala número 7. Allí el redactor jefe, Manolo Mora, un periodista de cepa y generoso, me recibió. Todas las noches escribía allí mi crónica para Novedades, entonces, que mandaba vía télex desde el palacio de Correos, y el reporte para 24 Horas que grababa con un pequeño equipo que me había instalado en el hotel Villa Magna.

          A Franco lo mantuvieron vivo hasta aquella madrugada del 20 de noviembre cuando yo de guardia solitario a las afueras de la clínica, un médico conocido por temas familiares se asomó tras la puerta de cristal y me hizo la señal: Franco había muerto.

          De inmediato me fui al hotel, llamé a Jacobo, entré al aire en XEX que era de noticias y a 24 Horas con la nota principal, la muerte de Franco. De eso, anoche, se cumplieron cincuenta años y yo estaba allí, informando.

          El privilegio de este único oficio.

Nos vemos mañana, pero en privado.