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A México y a nuestro idioma le falta la puntualidad de una palabra del inglés que tiene enorme poder: accountability.

Es mucho más que la rendición de cuentas, imputabilidad o la responsabilidad.

Porque la rendición de cuentas mañosamente se usa como algo impersonal, la imputabilidad se deriva hacia esos términos de una justicia que en nuestro país no llega.

Accountability implica ser responsable de una tarea, ser transparente en su procedimiento y aceptar las consecuencias de sus resultados.

Todo esto va por un ejemplo muy concreto, uno de muchos que podemos tomar en especial del ejercicio del servicio público en México. ¿Quién es “accountable” por la cantidad de baches, socavones, coladeras abiertas, por el enorme deterioro de la infraestructura urbana de la Ciudad de México?

Si se piden responsables, se reparten las culpas entre el gobierno central y las alcaldías y en todo caso dicen que el área responsable es la Secretaría de Obras y Servicios, que dirá que no es su responsabilidad la asignación presupuestal.

Si lo que se quiere es rendición de cuentas por la destrucción de las calles lo van a mandar a quejarse ¡a Locatel, 55-5658-1111!

Pero quien tiene que ser responsable total y final (“accountable”) por la mala condición que hoy tiene la Ciudad de México, realmente como nunca, es la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada.

No es la queja ardida por la última llanta que destrocé en Av. Constituyentes, ni el hecho de que, arriba del socavón en plena vía primaria hay una cámara de foto multas que se activa a los 50 km por hora, en una vía marcada con una velocidad de 60 km por hora.

Es el hecho de que la propia autoridad acepta que hay 200,000 baches en vialidades primarias y un número similar en vías secundarias, pero con el fin propagandístico de promover un “bachetón” que ni cubre todos y dura poco en los reparados.

El doctor Álvaro Ortíz Hernández, experto de la UNAM en ingeniería de pavimentos, asegura que la vida útil del asfalto de la CDMX terminó hace 50 años y que los “bachetones” son dinero que, literalmente, se tira a la calle.

Reencarpetar con concreto es una solución más cara pero más efectiva que evidentemente no reditúa en más popularidad política.

Es mejor festejar dos veces la fundación de Tenochtitlan, andarse con “Utopías” o dedicar el presupuesto para programas asistencialistas que reditúen en votos que cumplir con el deber de un gobernante de una ciudad donde circulan, de acuerdo con las cifras más recientes del Inegi, 6.4 millones de vehículos de motor.

Si algo han logrado los gobiernos cobijados bajo el populismo lopezobradorista, de la CDMX, de los estados o federal, es esa falta de responsabilidad, de rendición de cuentas con consecuencias o imputabilidad.

El circo de su propaganda del Bienestar, la responsabilidad eterna de los gobernantes del pasado, la distracción con lo que sea, para no ser “accountable”.

Mientras la actual o cualquier otro gobernante de la Ciudad de México no cumpla con esa responsabilidad de la rendición de cuentas de principio a fin, seguiremos cayendo en los mismos baches y en los que se sigan generando.

El doctor Álvaro Ortíz Hernández, experto de la UNAM en ingeniería de pavimentos, asegura que la vida útil del asfalto de la CDMX terminó hace 50 años y que los “bachetones” son dinero que, literalmente, se tira a la calle.