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En un solo día, EU enlistó a México como país adversario y acusó de narcolavado a la empresa del jefe de la Oficina de la Presidencia de López Obrador. La relación bilateral va de mal en peor, debido a la fuerza de los carteles de la droga en México.

La presidenta Sheinbaum respondió con fuerza al señalamiento contra Vector, la empresa de Alfonso Romo: “México no se subordina a nadie”. Como sea, EU publicó legajos que dicen que Vector lavó en plena 4T, millones y millones de dólares al cartel del Chapo.

Para más, la fiscalía general de EU incluyó a México en su lista de “países adversarios” por el tráfico de drogas, que es justamente la acusación contra Vector: “Colabora en envenenar estadounidenses, al mover dinero en nombre de los cárteles y ser su engranaje”.

Sí, el narcotráfico es el grano en la nariz de la relación México-EU. Peor, el presidente estadounidense afirma que México es un narcoestado: “Los cárteles están aliados al gobierno de México y ponen en peligro la seguridad nacional y la salud pública de EU”.

En lo que Sheinbaum recibe las pruebas de los señalamientos a Vector, una revisión de los años de gobierno de la Cuarta Transformación indica que el expresidente López Obrador fue displicente, más de una ocasión, en el delicado tema del narco.

López Obrador visitó cinco veces Badiraguato, cuna de los capos del narco Chapo Guzmán y Rafael Caro Quintero: el primero cumple cadena perpetua en EU, y al otro le piden pena de muerte en una corte de Nueva York.

El Ayuntamiento colocó un busto de bronce de López Obrador, por haber sido “el único presidente de la República en visitar Badiraguato”. López Obrador saludó en público, con especial deferencia, a la madre de El Chapo, y mantuvo relación epistolar con ella.

López Obrador llamaba “señor Guzmán” al Chapo, liberó en una ocasión a Ovidio, uno de sus hijos, tras ser capturado por el Ejército a pedido de extradición de EU. También intercedió con la Casa Blanca para facilitar visas a familiares del capo.

López Obrador pasó por encima de muchas consideraciones políticas para, como jefe de Estado, dar trato especial al criminal más tristemente célebre de México; mientras enlodaba a ciudadanos sin problemas legales: periodistas, políticos, empresarios.

De hecho, fue de fiscal de hierro el trato de López Obrador contra otro ciudadano mexicano condenado en EU por narco, Genaro García Luna, cuya sentencia festejó como un logro de su política anticorrupción. Pero García Luna era socio de su jefe de oficina.

Según EU, Vector, la empresa de Alfonso Romo, realizó transacciones con García Luna por más de 40 millones de dólares entre 2013 y 2019.

Gran problema.