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Si suben las tasas de interés de los bonos estadounidenses, como sucedió a principios de semana, es porque el mercado se está adelantando al incremento en el costo del dinero que hoy anunciaría la Reserva Federal (Fed).

Pero si al mismo tiempo suben los índices de las bolsas, como ha sucedido a lo largo de esta semana, significa que el mercado está confiado en que no se dará el incremento en el costo del dinero en la reunión de la Reserva que hoy termina.

O lo que es lo mismo, realmente nadie tiene idea de cuál será la decisión que tomarán los banqueros centrales de Estados Unidos y que habrán de anunciar esta tarde a la 1, tiempo de México.

Cuando la posibilidad de un incremento en el costo del dinero se contrasta con los datos económicos disponibles, realmente no parece haber una sola señal contundente que apunte a que no hay más camino que el aumento de la tasa de referencia.

La Fed se puso como referente dos indicadores básicos. El primero, y desde hace algún tiempo, el mercado laboral. Éste debería mostrar una recuperación robusta después de haber alcanzado los dos dígitos en la tasa de desocupación y después de que en la peor parte de la Gran Recesión se perdieron millones de empleos durante varios meses.

La tasa de creación de empleos se ha estabilizado en torno a las 230,000 plazas mensuales, que no es malo pero está lejos de un nivel con rumbo al pleno empleo.

Y la tasa de desocupación ciertamente bajó a 5.1% en agosto pasado, pero con la advertencia de que el Departamento del Trabajo quiere revisar si no hay algún error estadístico en el dato. Como sea, es una tasa baja, pero todavía insuficiente para justificar dólares más caros.

El segundo indicador que la Fed se marcó como líder al momento de tomar la decisión de subir el costo del dinero fue la inflación. Es lógico que entre las tareas centrales de un banco como la Fed está cuidar el poder de compra de la moneda, pero fue muy específico en su objetivo: que la inflación converja hacia 2% anual.

La baja en los costos de los energéticos y los alimentos hacen que la inflación general estadounidense no cumpla con esa otra condición.

Además, hay un factor que hizo que los banqueros centrales de Estados Unidos salieran de su burbuja, de su habitual zona autista y voltearan al mundo: China.

Sin duda la desaceleración más pronunciada de la economía asiática hizo que añadieran a su balance interno de toma de decisiones el efecto que esto puede tener en su política monetaria.

Todo eso es lo que más pesa hoy y por lo que siete de cada 10 participantes de los mercados creen que se impedirá que la Fed suba hoy sus tasas.

Sin embargo, hay una minoría que cree que el principal impacto del aumento en las tasas de interés, en los niveles esperados de un cuarto de punto, es psicológico. No pasa nada si suben 0.25 la tasa de referencia.

Los economistas con vocación psicoanalítica creen que sería mejor acabar con esa sensación de peligro inminente con un primer aumento a la tasa que no afecte realmente el costo del dinero, pero que permita a todos moverse hacia el siguiente escalón de la gradualidad.

Entonces, están los que no ven efecto si no hay causa y los que creen que es mejor afectar la conducta humana con una señal monetaria.

O lo que es lo mismo, a esta hora nadie sabe nada a ciencia cierta.