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Desde 2018, México es en lo económico, una oligarquía de empresarios que acapara la obra pública: Slim, Bejos, Muñoz Cano. Y, en lo político, un régimen nepotista en el que pocas familias controlan los tres poderes y tres niveles de gobierno: Alcalde, Taddei, Batres, Monreal, Godoy.
Es cierto que la presidenta Sheinbaum pareció frenar el nepotismo implantado por López Obrador, al enviar al Senado una ley antinepotismo. Pero su propuesta fue rechazada por los legisladores de su propio partido, y ese consorcio político que es el partido Verde.
La oligarquía empresarial armada por López Obrador también es indetenible: Grupo Carso, Mota-Engil, Grupo INDI e ICA recibieron, solos o en consorcio, contratos superiores a los 735 mil 679 millones de pesos para construir las obras personales de López Obrador.
También es cierto que Sheinbaum expresa un discurso contrario a la oligarquía empresarial: “Hay que apoyar al pequeño y mediano empresario; el grande tiene sus propias condiciones y no es necesario apoyarlo”. Sin embargo, en los hechos, los grandes empresarios se sirven libremente.
López Obrador prometió acabar con el grupo de empresarios privilegiados que acaparaba los negocios del gobierno antes de 2018. Pero lo que hizo fue usar a esos empresarios para eliminar o debilitar al resto de los competidores.
Grupo Carso, de Carlos Slim; Mota-Engil, de José Miguel Bejos; Grupo INDI, de Manuel Muñoz Cano; e ICA, de Bernardo Quintana Isaac, monopolizaron las obras del gobierno con López Obrador, y mantienen la inercia en la administración actual.
De los 735 mil 679 millones de pesos que recibieron esos cuatro grandes de 2018 a 2024, el más beneficiado fue Slim, quien se volvió a colocar en el primer lugar de los más ricos de América Latina, con casi 150 mil millones de ingresos.
El favoritismo con Slim coincidió con una conclusión de los ganadores del Premio Nobel de Economía 2024, los cuales argumentaron que, el éxito de Slim, no se basa en competencia e innovación, sino en contratos exclusivos que frenan el crecimiento de otros emprendedores.
Slim se enfureció con los premiados, Daron Acemoglu, Simon Johnson y James A. Robinson. Slim dijo que “son unos imbéciles”. Sólo López Obrador había despreciado el talento de esa manera, aunque sin esas palabras, es la verdad. Slim recalcó: “Nunca han pagado una nómina”.
Slim, Bejos, Muñoz Cano y Quintana Isaac mamaron varo en uno de cada siete pesos que López Obrador gastó en contrataciones públicas, desde el Tren Maya hasta la refinería de Dos Bocas y Corredor Interoceánico, Tren Transístmico, pasando por Parque Aztlán, AIFA y explotación del pozo petrolero Lakach.
Capitalismo de cuates, en lenguaje coloquial; poder económico concentrado en unos pocos, en lenguaje técnico. Como sea, México es hoy una oligarquía.
Un hecho.