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Difícil o imposible luchar contra la popularidad de Francisco Villa. Compite sin problemas por la condición del más popular caudillo de la Revolución mexicana, y la del guerrero más celebrado de nuestra historia.

Pero Villa presenta un problema muy serio para los historiadores, para la historia oficial y para la historia popular.

Su vida y su persona real son del todo opuestas a su consagración mitológica. Exudan un olor a sangre y a matonería personal que apenas puede tolerarse.

En una edición de autor del año 2017, y luego en una reedición de 2020, el historiador Reidezel Mendoza puso a circular un tomo de 600 páginas con la mayor reconstrucción testimonial y documental de que disponemos hasta ahora sobre la naturaleza sanguinaria de Villa.

La edición del autor se ha vuelto ahora una edición de la casa Penguin Random House, en su colección Debate, y tuve el gusto de presentarla el lunes pasado, junto con la historiadora Paola Juárez, en el foro de la librería El Péndulo de la colonia Roma.

El libro Crímenes de Francisco Villa tiene un penetrante prólogo de Raúl Herrera Márquez, quien hace unos años recreó, en una admirable novela, La sangre al río (Tusquets, 2014), la devastación que la furia homicida de Villa hizo caer sobre su familia, la de los generales villistas, Luis y Maclovio Herrera, porque estos rehusaron seguirlo en su ruptura con Carranza.

La colección de testimonios de Reidezel Mendoza es la obra de un historiador profesional. No hay uno solo de los testimonios recogidos ahí que no tenga un sustento historiográfico sólido.

No hay mentiras, ni versiones edulcoradas o elípticas de los hechos. El libro registra 50 casos de crímenes en los que, por órdenes directas de Villa o por su propia mano, perdieron la vida, con frecuencia de manera atroz, mil 550 personas, por fuera de las bajas atribuibles a la guerra.

No hay constancia de otro prócer de la historia de México que haya matado por propia mano como Villa, por ira, por venganza, y por el aturbonado placer de matar.

Frente a la brutalidad de los testimonios recogidos por Mendoza, todas las versiones que tenemos sobre Villa hasta ahora parecen mitologizantes y dignas de revisión histórica.