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El mensaje más poderoso que hoy podría enviar el presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed), Jerome Powell, durante su conferencia tras el anuncio de decisión de política monetaria, tiene que ser el de la autonomía del banco central al costo que sea.

A estas alturas, el mercado no tiene duda de dos cosas, la primera es que decidirán mantener sin cambios la tasa de interés referente en 4.5% y la segunda, que Donald Trump va a explotar en contra de esa determinación de no hacerle caso de bajar inmediatamente el costo del dinero.

Es ahí donde se vuelve relevante para el mercado el envío de una señal de independencia, aun con el costo personal para el propio Powell y el resto de los integrantes del Comité de Mercado Abierto.

Bien dice Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo, que hay un cuestionamiento a la independencia de los bancos centrales en algunas partes del mundo y esto puede socavar su capacidad para mantener baja la inflación.

Estados Unidos claramente es uno de esos lugares, México es otro, y el resultado puede ser un resurgimiento de las presiones inflacionarias con un muy dañino componente de desconfianza de los agentes económicos en la capacidad de las autoridades monetarias para controlarlo.

Los argumentos de Trump para exigir, así, una baja inmediata de las tasas de interés es que con su declaratoria de emergencia energética él va a conseguir que bajen pronto, y en una proporción importante, los precios del petróleo y por lo tanto serán las gasolinas baratas y no una política monetaria restrictiva lo que controlará la inflación.

Así son los populistas, no pueden entender nada más allá de sus narices. El problema real es que la línea de políticas públicas que pretende llevar Trump durante su segundo mandato apuntaría más a generar presiones inflacionarias que a paliarlas.

En el momento mismo que aplique el primer arancel a alguna importación de consumo relevante, ese sobrecosto fiscal se va a traspasar de inmediato a los consumidores.

En la medida que se extienda su política de deportaciones masivas, las economías de muchas ciudades y de una parte importante del sector agroindustrial empezarán a enfrentar un cuello de botella en el mercado laboral que presionará al alza los costos de la mano de obra, si es que encuentran ciudadanos que quieran tomar esos empleos.

En fin, hay más razones para pensar en una prudencia monetaria en estos momentos que en un relajamiento acelerado de las tasas que propicien un aceleramiento de los créditos en aquella economía. Por eso se vuelve muy relevante lo que Powell tenga que decir hoy desde la tribuna de la autónoma Reserva Federal.

Powell puede mantenerse muy prudente y no enfrentarse con Trump, pero sí tiene que ser firme en defender la postura del banco ante las inminentes presiones que se pueden generar.

Incluso para un banco central como la Fed que tiene los dos mandatos, pleno empleo y control de la inflación, con los sólidos datos económicos de Estados Unidos, con los titubeos que presenta el proceso de desinflación y con lo peligroso de las políticas de Trump, lo mejor es la prudencia.