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En el momento humanitario más sensible para la migración en la historia de México, López Obrador entorpece la gestión del actual gobierno, al mantener de contrabando en el cargo a Francisco Garduño, bajo cuya gestión murieron quemados vivos 40 migrantes.

La presidenta Sheinbaum nombró Sergio Salomón, como director del INM para suplir a Garduño. Pero Garduño se mantendrá unos meses como asesor de Salomón: es un enroque para que Garduño siga en el cargo, y mandar luego a Salomón a otro lado.

Aunque Garduño no tiene nada que ofrecer como asesor: carece de moral ante los migrantes y sus familiares; tampoco tiene talento como director, porque eran laxos sus controles de evaluación y de confianza del personal, ni comprobaba perfiles éticos.

Su único sostén es López Obrador: “Garduño es honesto y trabajador”, así lo defendió, tras las omisiones y negligencias que causaron la muerte de 40 migrantes en Ciudad Juárez, en una celda cerrada y cuya llave jamás nadie tuvo a mano.

Pero el viernes apareció Garduño en la foto oficial de la presentación del plan de la presidenta Sheinbaum, para atender la esperada deportación masiva de mexicanos sin papeles en Estados Unidos, después de la toma de posesión de Trump, el 20 de enero.

La imagen de Garduño en ese evento emborrona las intenciones de la actual administración en el tema migratorio. Bajo su gestión, las estaciones migratorias parecían campos de concentración: hacinadas, dirigidas por personal inepto, trampas mortales.

Garduño fue responsable moral de la tragedia: eran relajados sus controles de evaluación y de confianza del personal en las estaciones migratorias; no calificaba a aspirantes a ocupar plazas, ni comprobaba perfiles de personalidad, éticos y socioeconómicos.

Funcionarios como Garduño son un recordatorio de cómo la negligencia institucional puede derivar en tragedias de proporciones devastadoras. Su falta de supervisión no fue solo un error administrativo: resultó una irresponsabilidad que costó vidas humanas.

¿Cómo es posible que se gestionen instalaciones que albergan a seres humanos vulnerables, sin siquiera evaluar a los aspirantes a ocupar puestos clave? ¿Qué rayos podría enseñar Garduño a Sergio Salomón, o a cualquier otro, sobre defensa de migrantes?

Tras el incendio Ciudad Juárez, en lugar de tomar medidas preventivas, Garduño optó por la improvisación: anunció que endurecería los controles de confianza, como si las muertes fueran necesarias para advertirle la importancia de esta medida básica.

Pero sus promesas resultaron más teatro que acción real, algo común en el grupo que gobierna en México desde 2018, donde las palabras sobran y los resultados escasean, salvo a la hora de utilizar los recursos del erario para cooptar votos: en eso sí.

Y ahí sigue Garduño, bajo la protección del poder, como Cuitláhuac García, Cuauhtémoc Blanco…

Todo igual.