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Nacional El INE, censor de muecas, gestos y sarcasmo
         En fin, que vienen días difíciles para el oficio, pero eso es siempre un reto, burlar al censor, lo que es un ventajoso ejercicio de inteligencia de la que ellos carecen
Nacional El caso Ayotzinapa como “una prioridad de Estado”: Sheinbaum
La Secretaría de Gobernación apuntó que "se agotarán todas las líneas de investigación y se fortalecerán las tareas de búsqueda"
Nacional Otro detenido relacionado con el caso Dafne Zapata
Juan Jesús “M” es hermano de Estrella Mora, la mujer denunciada por la muerte de Dafne Zapata Quintos durante un campamento de verano
Economía y Finanzas Veracruz se posiciona entre los estados con mayor ocupación laboral del país
Veracruz redujo su desempleo a 1.9% en el 2T-2026, ubicándose 8º a nivel nacional con 3.4 millones de personas ocupadas (98.1% de la PEA)
Internacional Trump intensifica sus políticas para frenar la inmigración con más restricciones de visas
El Gobierno de Trump ha endurecido más las restricciones para obtener visas y entrar a EE.UU., en medio de un récord de deportaciones

A propósito del escándalo mediático de la película Romper el círculo basada en la novela de Colleen Hoover, traigo a la mesa la sempiterna pregunta que tanto lectores como amantes del cine se hacen: ¿es mejor el libro o la película? Para empezar, el discurso cinematográfico y el literario comparten una historia como hilo conductor pero son diferentes. La materia prima de la literatura es el lenguaje. El aspecto de los personajes y los lugares donde se desarrolla la novela recaen en la imaginación del lector. La esencia del discurso cinematográfico es la imagen. El director ha elegido cómo son los personajes y los dota de un elemento de poder: una banda sonora. Ambos discursos expresan un valor estético y una visión particular del mundo, cuentan la historia de manera distinta y se significan a sí mismos.

La novela El amante de Marguerite Duras narra la historia de una quinceañera francesa que vive en Indochina —su familia ha caído en la desgracia financiera—. La joven se hace amante de un acaudalado comerciante chino. La novela ganadora del Premio Goncourt fue llevada al cine magistralmente por el director Jean Jacques Annaud; las delicadas escenas eróticas muestran la transgresión de un amor impropio, la diferencia de edades, raza y posición social.

Matar a un ruiseñor, una novela de Harper Lee, ganó el premio Pulitzer de ficción en 1961 y fue adaptada al cine por el director Robert Mulligan con guion de Horton Foote. La historia se ubica en un pueblo de Alabama en tiempos de la Gran Depresión. Narrada por Scout Finch —una niña de ocho años— que vive con su hermano mayor Jem y su padre, Atticus —un abogado viudo—, profundiza en temas como la desigualdad racial, la violencia sexual y la integridad moral de los abogados. Harper Lee lloró al ver a Gregory Peck en su papel de Atticus. 

Macario de B. Traven es la historia de un leñador sencillo y hambriento que su deseo de vida es comerse en soledad un pavo entero. Cuando se adentra al bosque para comerlo lo interrumpen una serie de personajes para pedirle una parte del pavo y Macario adquiere poderes sobre la vida y la muerte. La película fue dirigida por Roberto Gavaldón con guion de Emilio Carballido, protagonizada por Ignacio López Tarso y Pina Pellicer. Fue la primera producción mexicana nominada a los premios Oscar como mejor película extranjera.

Querido lector, si le apasionan la literatura y el cine, le recomiendo que viva la emoción del texto y luego su versión cinematográfica. Hay joyas imperdibles como Persépolis de Marjante Satrapi, llevada a la pantalla por Vincent Paronnaud; El color púrpura de Alice Walker y la película homónima de Steven Spielberg, La sombra del caudillo de Martín Luis Guzmán y la adaptación de Julio Bracho, Los tres entierros de Melquiades Estrada, escrita por Guillermo Arriaga y Tommy Lee Jones en la dirección; El apando de José Revueltas, dirigida por Felipe Cazals, y La pianista de Elfriede Jelinek, filmada por Michael Haneke.