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La semana pasada concluyó el simposio anual de política monetaria organizado por la Fed en Jackson Hole, Wyoming. Este evento reúne a las cabezas de bancos centrales, ministros de finanzas, académicos y analistas de todo el mundo.

A diferencia de otros años en los que los mercados estuvieron muy pendientes de los ecos del simposio, este año las reuniones se dieron en un contexto turbulento marcado por la desaceleración de las economías emergentes, principalmente China, la caída de los precios de los commodities y marcadamente el del petróleo y el inminente comienzo de la normalización de la política monetaria en Estados Unidos.

En este contexto, hemos visto cómo se ha materializado uno de los riesgos principales que se discutieron en el simposio de Jackson Hole del 2013. En ese entonces, el principal foco de preocupación eran las posibles consecuencias del retiro de los estímulos cuantitativos —el famoso tapering— en las economías emergentes.

En la edición del 29 de agosto del 2013 de “Sin fronteras” escribíamos lo siguiente: “Una de las consecuencias posibles del tapering podría ser una salida masiva de recursos de (las) economías emergentes, provocando una apreciación del dólar ante la mayoría de las monedas emergentes.

“Aunque esto se podría dar de manera ordenada y sin mayores consecuencias, varios observadores están preocupados por los efectos desestabilizadores que podría provocar una salida masiva de recursos. El problema se presenta en una coyuntura de desaceleración económica marcada en el mundo emergente y una muy ligera aceleración en el mundo desarrollado. Mientras países como México y Brasil están creciendo por debajo de 2%, Asia emergente se desacelera considerablemente como consecuencia de un menor crecimiento en China”.

Claramente, el tapering por sí solo no provocó una crisis económica en los mercados emergentes, aunque sí causó una fuerte ola de volatilidad y nerviosismo temporal en los mercados entre mayo y septiembre del 2013 que ahora se conoce como el taper tantrum.

Sin embargo, durante los últimos 12 meses se han sumado factores adicionales, entre los que destacan de manera protagónica la caída en el precio del petróleo y la desaceleración mayor a la esperada en la economía china, que de nuevo amenazan con detonar una crisis en las economías emergentes.

Para algunos observadores, la situación podría complicarse a tal grado que podríamos ver una reedición de la crisis de mercados emergentes que se vivió en 1997-1998. Vale la pena recordar que dicha crisis se originó después de un periodo muy largo de flujos masivos de capital hacia las economías emergentes de Asia en búsqueda de retornos.

La crisis comenzó cuando dicho flujo fue revertido de manera violenta en la forma de una fuga de capitales propiciada por la combinación de un fuerte deterioro en las balanzas de cuenta corriente y políticas de tipo de cambio semifijas. Aunque la crisis se originó en Asia, ésta se propagó rápidamente a todo el mundo emergente y culminó con el default de Rusia en 1998.

Aunque no hay que desestimar estos riesgos, es necesario destacar que hay diferencias muy importantes entre las circunstancias prevalentes en 1997 y las actuales, tanto en Asia como en el resto del mundo emergente que por suerte algo ha aprendido de sus errores.

En la siguiente edición de “Sin fronteras” abordaremos con más profundidad las diferencias entre 1997 y la actualidad.