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Puedo asesinar a alguien en la 5ta Avenida y no pasaría nada. Esas palabras de campaña de Donald Trump hoy cobran otro significado con la resolución de la Corte Suprema de Estados Unidos, que ha dotado de un nivel de inmunidad tal al republicano que pudo azuzar la toma del Capitolio el 6 de enero del 2021 y no habrá de sucederle nada.

Esta resolución del máximo tribunal de aquel país le abre la puerta a la impunidad por aquel episodio de rebelión interna, pero también le da patente de corzo para hacer prácticamente lo que quiera en un eventual segundo mandato.

La Corte Suprema dice que el Presidente de Estados Unidos tiene el derecho a la inmunidad absoluta contra el procesamiento penal por aquellas acciones de carácter oficial que lleve a cabo durante su mandato.

Trump no requirió una reforma al Poder Judicial para conseguir este poder absoluto porque el republicano no fue torpe en la designación de los jueces fieles a su causa durante su tiempo de mandato.

Puede ser incluso que no se trate de que Trump haya logrado colar a su “ministra del pueblo”, pero una interpretación estricta del ala conservadora de la Corte Suprema de que hay que permitir que un Presidente pueda gobernar sin obstáculos que entorpezcan su misión de hacer el bien para los ciudadanos estadounidenses es totalmente incompatible con alguien como Donald Trump.

La incursión de un personaje como este republicano en la política del más alto nivel en Estados Unidos hace que ese país transite por un camino inesperado para una democracia que era considerada como sólida y ejemplar.

El pulso autocrático de un Presidente estadounidense no parecía estar considerado entre los escenarios de los fundadores de ese sistema político.

En ese camino llevamos en México una desafortunada ventaja con el régimen actual que se ha dedicado a minar las instituciones democráticas que resultaron tras 70 años del control hegemónico del PRI.

La joven transición mexicana a la democracia terminó ya con lo que ahora vemos, el restablecimiento de un modelo autoritario que solía ser de un solo partido y ahora es de una sola persona.

Pocas esperanzas adelanta para la causa de un país plural y de instituciones que anuncien hasta un “Día de AMLO”, al nivel de los más elementales festejos patrios.

Los regímenes presidencialistas, a diferencia de los modelos parlamentarios, tienen el defecto de dotar de enorme poder a una sola figura. Si ese líder actúa de buena fe, pueden resultar útiles las herramientas que le crean espacios para gobernar y tomar decisiones.

Pero cuando se trata de personajes con evidentes deseos autoritarios buscan claramente abrir boquetes en las instituciones para su beneficio propio.

El canal de impunidad que por ahora le abrió la Corte Suprema a Donald Trump le alcanza para que pueda mantenerse en la competencia por la reelección con la certeza de que no habrá impedimento legal que le arrebate esa candidatura.

Pero la caja de Pandora que abrió el máximo tribunal estadounidense para un eventual segundo mandato de Trump es algo que en los mercados ya genera la discusión sobre cómo protegerse de un segundo mandato de este personaje que tendría tintes evidentemente más autoritarios.