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En México, el Indicador de Confianza del Consumidor (ICC) parece tener más el comportamiento de un índice de popularidad política que una medición de la percepción que tienen los ciudadanos sobre cuestiones meramente económicas.

El comportamiento del ICC, que elaboran el Inegi y el Banco de México se parece más al índice de popularidad presidencial, donde parecen tener cabida y credibilidad sus otros datos y su visión propagandística sobre el estado que guarda la economía mexicana.

Por ejemplo, durante el 2017 que la economía crecía, la confianza del consumidor bajaba porque la oposición lopezobradorista de entonces inflaba el tema del gasolinazo. Y en el 2019, cuando la economía entró en recesión, el indicador de confianza estaba mejor que el de Dinamarca.

Pero en Estados Unidos, el indicador de confianza del consumidor de la Universidad de Michigan sí refleja de mejor manera las expectativas de los ciudadanos con respecto al comportamiento económico de su país.

Y el más reciente indicador de esta confianza marcó una disminución, al nivel más bajo en seis meses, porque los consumidores registran, y resienten, un incremento en los precios.

En aquel país “los otros datos” están prohibidos y hasta penados, así que los consumidores tienen acceso a información verídica que ahora es preocupante, porque es un hecho que se ha dado un repunte inflacionario de la mano de una desaceleración económica.

Así que, con las evidencias de una inflación que se resiste a mantener el camino de regreso a la meta de la Reserva Federal (Fed) de 2% anual y con las evidencias de que los consumidores acusan los incrementos inflacionarios y actúan en consecuencia, la pregunta es si se puede pensar en una baja en las tasas de interés.

Es más, hay banqueros centrales estadounidenses, como Lorie Logan, de la Fed de Dallas, quien no afirma, pero sugiere, que podría ser necesario un nuevo incremento en la tasa de interés interbancaria.

La posición pública al interior del Comité de Mercado Abierto de la Fed es que no hay prisa por iniciar un proceso de baja en las tasas de interés. Sin embargo, la tasa de referencia se ha mantenido durante 10 meses en el rango actual de 5.25 a 5.50% y la inflación, lejos de regresar a la meta de 2%, ha presentado un rebote.

Pueden ser hasta factores estacionales los que expliquen la resistencia desinflacionaria, pero si se socializa que la inflación no baja y que más bien sube, puede generar una profecía autocumplida.

La inflación es mucho de números y balances, de oferta y demanda, pero también de expectativas humanas muy subjetivas y por ahora la Fed quiere convencer a los participantes de los mercados que su intransigencia con las presiones inflacionarias se basa en la posibilidad de no bajar pronto el costo del dinero.

Es difícil que se pudiera generalizar dentro de la Fed un discurso de amenaza de un nuevo incremento de la tasa de referencia, porque la Fed también cuida el pleno empleo y los datos más recientes apuntan a una desaceleración económica que implica una menor creación de empleos.

Por lo pronto, ya se escuchó una primera voz de lo impensable: que la Fed en adelante no baje, sino suba las tasas de interés.