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Emergentes no tomaron precauciones.

No hay que perder de vista que buena parte de la turbulencia financiera que vive el mundo tiene su origen en la inundación de dólares que provocó la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) con su agresivo plan de imprimir su moneda y soltarla sin un premio por su reserva.

Lo que estamos viendo es el choque de políticas monetarias divergentes. Estados Unidos y su tendencia a subir el costo del dinero, Europa con planes de mantener la tasa lo más cercana al cero que pueda, Japón anulado por sus deudas y China que ha retomado el camino de bajar el premio por ahorrar yuanes.

El mundo emergente, ese que nunca se quejó de volverse adicto a los dólares fáciles, hoy paga las consecuencias en diferentes dimensiones, dependiendo de su exposición al riesgo del dólar. Y en el caso de México, en la fatídica combinación de tener otra peligrosa adición en su gasto público: la dependencia del petróleo.

El mundo, pues, se acostumbró a la buena vida de las ganancias fáciles. Los mercados bursátiles de Estados Unidos no han hecho otra cosa desde la recuperación de la gran recesión que subir como la espuma.

Los máximos históricos fueron la constante en las acciones de todos los mercados, todos los sectores y casi todas las acciones. Pero esas fiestas no son eternas.

Evidentemente, la Reserva Federal con su juego de “ahí viene el lobo” buscaba generar una tensión controlada en los mercados como para que poco a poco fueran previniendo el cambio, siempre pensando en casa, en los mercados domésticos y tomando el resto de las consecuencias como casualties of war.

No tendrían por qué procurar en estos momentos a esa bola de mercados emergentes que vivieron de la fiesta gratis del dólar y no tomaron precauciones para la cruda, como tener economías equilibradas, reservas internacionales, sistemas fiscales sólidos, balanzas comerciales diversificadas y equilibradas. Eso no es problema ni de Janet Yellen ni de ninguno de los otros banqueros centrales estadounidenses.

Sin embargo, cuando lo que provoca los temores es un gigante del tamaño de China, inevitablemente los banqueros de la Fed salen de su burbuja para asomarse al mundo. Desde que hace un par de semanas el gobierno chino devaluó su renminbi, debió atraer la atención del comité de mercado abierto de la Fed.

Pero la baja en las tasas tras el derrumbe bursátil, las nuevas medidas bancarias y demás circunstancias chinas deberían mover los sentimientos y sobre todo los análisis de cuál es el mejor momento para iniciar el proceso de alza en las tasas de interés. En el mercado crece el sentimiento de que un aumento en septiembre sería más un balazo en el pie para Estados Unidos, ¡pero la Fed no dice nada!

Muchos analistas estiman, o quizá simplemente desean, que el primer aumento a la tasa de referencia llegue hasta el próximo año. Pero no hay nada en qué aferrarse para pensar eso en la medida en que la Fed no diga lo contrario.

La situación de China debería ser suficiente para esperar, pero mientras no haya cambio de señales hay que ver sólo la inflación y la creación de empleos, así de autistas, así de cerrados.