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Urge darle credibilidad a la palabra pública de México. Acercarla a los hechos, al conocimiento, a la verdad, antes de lanzarla al debate, necesariamente plural y desarreglado, de la plaza pública.

José Woldenberg ha generado en un artículo reciente una penetrante preceptiva sobre cómo podemos lograr esto en los medios, todos los que actuamos en ellos.

La palabra pública de los medios, dice Woldenberg, ha de cumplir con varias exigencias.

La primera, descriptiva: contar bien lo que pasó con ese lujo y precisión de detalles que a veces nos acerca a su explicación.

La segunda, histórica: restituir el pasado de los hechos descritos, pues todo tiene un pasado y a menudo es inentendible sin él.

La tercera, analítica: explicar no solo cómo son las cosas, sino por qué son como son, sus causas, lo que se encuentra “atrás” de lo que vemos a primera vista y que a menudo desafía o corrige las impresiones superficiales de primera vista o las conclusiones frecuentemente miopes del sentido común.

La cuarta, normativa: referir las normas y leyes que encuadran el hecho, que le otorgan su certificado de calidad pública, el marco de referencia ético y jurídico desde el que debe juzgársele.

La quinta, finalmente, prescriptiva: juzgar críticamente la realidad resultante del ejercicio de las operaciones anteriores, poniendo en la mesa las propias convicciones sobre lo que debe cambiar, cómo y hacia dónde.

En muchos sentidos, sugiere Woldenberg, nuestros medios tienen estas exigencias invertidas. Empiezan y a menudo terminan por el juicio fulminante.

Concluye Woldenberg:

“El problema aparece en todo su esplendor cuando se prescribe, se apunta lo que debe ser, sin describir, historiar, analizar… Lo que brota es un Tiranetas redondo. Los buenos deseos contra la siempre feúcha realidad. No es que la prescripción esté mal. Es imprescindible. Pero sola, sin las demás aproximaciones, se convierte en un discurso simplón y autosuficiente. Algo insoportable. Pero, dado que en este oficio el que no cae resbala, es posible que yo también escriba como Tiranetas. Es muy fácil deslizarse por ese tobogán”. (http://www.Reforma.com/aplicaciones/editoriales/editorial.aspx?id=69594).

Hasta aquí llega también el mío.

Mañana, algo sobre la calidad de la palabra de la autoridad.

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