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La película de un recién electo presidente de Estados Unidos Donald Trump amenazando a México y con ello provocando una depreciación cambiaria ya la vimos. Y se puede repetir.

También ya conocemos los efectos de la indisciplina fiscal con fines electorales y podemos prever hacia qué clase de precipicio va Petróleos Mexicanos.

Ya sabemos, pues, que los políticos y sus ambiciones son capaces de provocar desgracias en las economías.

Pero esos riesgos, muy bien advertidos, no advierten tampoco la inminencia de una depreciación cambiaria traumática, como algunos ya la cantan.

Este pasado fin de semana la relación peso-dólar se puso de moda en las redes sociales por las advertencias de algunos analistas financieros sobre la vulnerabilidad de la moneda mexicana.

Los operadores, que le ven margen de sacar más ganancias a la apreciación del peso, desestimaban la advertencia de una sobrevaluación del peso a niveles ya de riesgo.

Los que quieren vender sus dólares y los malquerientes de los gobiernos populistas evidentemente que avalaban la advertencia de un colapso cambiario cercano.

La apreciación del peso frente al dólar en términos reales es inocultable, lo mismo en las cuentas nacionales que en las cuentas de los exportadores, los prestadores de servicios turísticos o las familias que reciben remesas.

Ayer, por ejemplo, que fue día festivo en México, el peso mantuvo sus operaciones en los mercados internacionales, porque esta moneda ya pertenece a ese mundo global. Pero todavía conserva muchos riesgos de índole local.

México es un mercado emergente que no ha alcanzado la madurez de los países desarrollados y este sexenio nos alejamos todavía más de consolidar esta economía como una que tenga fundamentales político-financieros sólidos.

Estados Unidos, por ejemplo, resistió sin muchos estragos a Trump como Presidente con todo y su intento de golpe al Capitolio.

El peso mexicano se sigue ofertando hasta este momento como una divisa líquida, con altos rendimientos, con un diferencial alto con respecto a los bonos del tesoro y con un panorama de, al menos, un par de meses de estabilidad política y macroeconómica.

En el momento en que cambien las condiciones, por cuestiones políticas o financieras, entonces sí podremos ver volar una muy numerosa parvada que querrá alejarse rápido del peso mexicano y ese contagio masivo puede causar estragos exagerados que cierren un círculo financiero vicioso.

Podría ser mejor si el peso mexicano fuera menos famoso por sus altos rendimientos financieros y hubiera más atención a ciertos riesgos locales y externos.

Pero entonces viene la discusión de si queremos o no tener una moneda exitosa y con poder de compra en el extranjero. Lo que es un hecho es que tampoco queremos regresar a la moneda apabullada que deprima a la economía con un dólar exageradamente caro.

Quizá una forma de frenar la borrachera del peso mexicano en los mercados de futuros de Chicago y regresar el foco a que el peso es confiable por sus fundamentos, es que este jueves el Banco de México pueda ayudar a bajar de su ladrillo al mareado “súper peso”.

No es tarea del banco central, pero medio punto porcentual menos en la tasa de referencia sí que podría hacer algo para bajar los ánimos calenturientos del mercado cambiario.