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La diputada petista Dionicia Vázquez García encarna la ignorancia, la patética mediocridad y el odio crónico de buena parte de la base lopezobradorista en el Congreso.

Cuando militaba en el PRD, fue inexplicable alcaldesa (1997-2000) de Santa María Tultepec, Edomex, y hoy forma parte (de manera igualmente incomprensible) de las comisiones legislativas de Atención a Grupos Vulnerables, Defensa Nacional, Protección Civil y Prevención de Desastres, del Comité de Ética y del Grupo de Amistad con Armenia, Brasil y República Dominicana, temas que por su envilecido hablar le quedan tan grandes como la distancia que imagina correrá el Tren Maya.

Desde la tribuna de San Lázaro peroró esta barbaridad:

“Es una magna obra; es un tren de turismo y otro de carga, y va a hacer un recorrido desde el Istmo de Tehuantepec hasta el Canal de Panamá…”.

Y reprochó a sus pares de la oposición:

“Ustedes no saben qué obra tan magnífica es. Nada más se les va en decir que ‘se roban el dinero, que se va a esto, que se va a lo otro’…”.

En la sesión plenaria del miércoles, la lengua se le soltó al grado que conviene registrar sus dichos hasta el remate justificando el agandalle del oficialismo de los fideicomisos del Poder Judicial de la Federación:

“Ustedes tienen 80 años robándose el dinero y no subieron aquí a pedirle perdón a los mexicanos, que era lo que se necesitaba. Ustedes no tienen conciencia, son corruptos y van a morir corruptos; por eso la gente no los quiere, por eso la gente los repudia, por eso la gente ya no vota por ustedes y, por más mentiras que suban a decir aquí, nadie les cree. Son unos corruptos, unos desgraciados, unos malvados y unos malditos, eso es lo que son: rateros, asesinos, corruptos, eso son ustedes. Y suben aquí a llenarnos con toda su bocota y no tienen un poquito de vergüenza al subir aquí y decir cuántas cosas se han robado; 80 años robándole a México y todavía no tienen llenadera.

“¡Por Dios, por Dios!, tengan un poquito de congruencia, ya déjenle algo de dinero a los mexicanos. Ustedes se van a comer a los grandes restaurants cuando ahorita hay gente que ni siquiera ha tomado un trago de café…”.

—Permítame, diputada, un minuto, la diputada Patricia Terrazas pidió el uso de la palabra —le demandó la presidenta.

Pero Dionicia se desquició:

“¡Yo le diría que no me interrumpa, es mi tiempo de estar aquí y no quiero que me interrumpan! ¡Les molesta, porque yo les digo la verdad, son unos corruptos! Perdón, presidenta, pero ellos no están aquí, ¡yo soy la que estoy aquí, y ahorita yo soy la que estoy hablando y voy a seguir hablando!”, gritó.

“Ese dinero (el de los fideicomisos) es de los mexicanos y va a ser de los mexicanos, así se paren de cabeza. Ya robaron bastante. Eso es lo que son: rateros, miserables, desgraciados, no tienen llenadera. ¡Ustedes son los más corruptos que hay en la vida! México está avergonzado de ustedes y cuando vayan a pedir el voto les van a decir ¡fuera, fuera, fuera, corruptos! Es cuanto”.

No son iguales: son peores.