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Que el peso mexicano pierda 7% de su valor frente al dólar estadounidense en poco más de un mes es posible, pero no deseable, en un mercado abierto a la libre flotación y en medio de muchas dudas sobre el futuro inflacionario y monetario de Estados Unidos.

Es lo que sucedió entre el 30 de agosto pasado, cuando las operaciones interbancarias del peso estaban en los 16.70, y ayer, cuando de nueva cuenta el dólar rondaba los 18 pesos por unidad.

Era de esperarse que una moneda que se mantenía sobrevaluada como el peso pudiera emprender una corrección que fuera más notable, aunque no hubiera factores de alerta, o pánico, en los mercados.

Hay, sin duda, un cierto grado de aversión al riesgo y México se encamina hacia un momento complicado, por los límites peligrosos que toma el gobierno con el presupuesto del próximo año, por la tensión política que genera el mismo régimen y por las fricciones comerciales crecientes con Estados Unidos.

Pero, básicamente la depreciación de septiembre, y que ya se extendió a este mes de octubre, tiene que ver con los datos económicos estadounidenses. En resumen, hay presiones inflacionarias y la economía no muestra signos claros de desaceleración, lo que abre el camino a nuevos incrementos en la tasa de interés por parte de la Fed.

Decíamos que la depreciación del peso en 34 días ha sido de casi 7% cuando en ese mismo lapso, la apreciación del dólar frente a la canasta de divisas es de 3 por ciento. En ese comparativo no hay monedas emergentes que tienen un componente de riesgo mayor y por lo tanto ese grado superior de especulación.

La referencia es el tipo de cambio del peso frente al dólar, pero el comportamiento errático se extiende al resto de los mercados financieros, índices bursátiles a la baja, presiones al alza en los bonos gubernamentales, a la espera de indicadores que den claridad sobre el rumbo de la política monetaria.

Por lo pronto, el reporte de un notable incremento en las ofertas de trabajo en Estados Unidos en agosto pasado, que por donde se le vea es una gran noticia para los ciudadanos de ese país, es motivo de bajas en los mercados.

No se pueden cruzar los razonamientos sociales con las decisiones de los operadores, pero el hecho de que la economía estadounidense muestre resiliencia y se aleje de un escenario de recesión, da margen a la Fed para que pueda subir nuevamente las tasas referentes y combatir las crecientes presiones cambiarias.

Si la expectativa es de un mayor rendimiento del dólar, en el mercado considerado más seguro del mundo, hay presiones en los mercados emergentes y más en uno como el mexicano que ya prometió que se acabaron los aumentos a la tasa de interés y que se enfrenta a un escenario local menos claro con el año electoral.

La Fed anuncia su decisión de política monetaria el 1 de noviembre. De aquí hasta ese momento se mantendrá la especulación y la espera de datos clave como la inflación de septiembre y el comportamiento del consumo y el empleo.