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La economía de China enfrenta su mayor reto en décadas.

El desempleo entre los jóvenes está en su nivel más alto en la historia. El fuerte aumento en los niveles de endeudamiento del sector privado y la creciente posibilidad de incumplimiento de algunos grandes corporativos generan un riesgo de contagio e incertidumbre a otras partes de la economía.

A esto debemos sumar la falta de dinamismo evidenciada en el consumo doméstico y el colapso en la inversión privada en conjunto con un posible escenario de deflación. Además, las exportaciones enfrentan un entorno complejo ante las crecientes tensiones comerciales con Estados Unidos.

Ante esta situación, algunos especialistas han comenzado a trazar algunos paralelos con la Década Perdida de Japón, advirtiendo sobre lo que podría pasar en China.

La Década Perdida de Japón se refiere al periodo de 1990 a 1999 durante el cual la economía japonesa estuvo sumida en una prolongada recesión que marcó a toda una generación.

Tanto la Década Perdida de Japón como la crisis actual que vive China comenzaron después de un periodo de gran prosperidad, caracterizado por un incremento desmedido en los niveles de apalancamiento del sector privado y la creación de una burbuja especulativa en el sector inmobiliario.

En el caso de Japón, la burbuja inmobiliaria se volvió insostenible y al reventar devastó al sector financiero, desatando una ola sísmica con implicaciones dramáticas para el resto de la economía.

Cuando el Banco Central de Japón decidió subir las tasas de interés para controlar la burbuja especulativa, el sector privado y los bancos entraron en una crisis de solvencia que obligó al gobierno japonés a efectuar un rescate del sistema bancario e implementar una serie de estímulos fiscales que deterioraron las finanzas públicas de Japón de manera significativa (pasando de un superávit equivalente a 2.4% del PIB en 1989 a un déficit superior a 10% para 1998).

Además de los estímulos fiscales para reactivar a la economía, el Banco Central de Japón redujo las tasas de interés a cero en un intento de reactivar el crédito y el consumo.

La economía japonesa comenzó a recuperarse, en gran medida gracias a las exportaciones. Sin embargo, el componente doméstico de la actividad económica se sumió en un estancamiento que acabó por contrarrestar el dinamismo del sector exportador.

El comportamiento de los consumidores japoneses cambió de manera permanente, las familias aumentaron su tasa de ahorro, disminuyeron su demanda de crédito y restringieron su consumo.

Otro paralelo es la dinámica demográfica de ambos países caracterizada por un envejecimiento de la población (en el caso de China como consecuencia de la política de un solo hijo vigente durante décadas).

Aunque hay similitudes, también hay diferencias importantes. En primer lugar, la burbuja en China se concentra en el sector inmobiliario mientras que en Japón hubo también una fuerte ola especulativa en el mercado accionario.

Las inversiones en el mercado accionario en Japón representaban una parte significativa del patrimonio de las familias japonesas, mientras que en China las inversiones en acciones no juegan un papel importante en el patrimonio familiar.

En segundo lugar, en Japón había un alto nivel de endeudamiento en los hogares mientras que en China el problema de endeudamiento del sector privado está principalmente concentrado en grandes corporativos.

Históricamente, las autoridades económicas de China han utilizado el poder de la centralización de manera eficaz para evitar situaciones de crisis económica mayúsculas. Sin embargo, en esta ocasión dichas herramientas podrían ser menos eficaces ante la coyuntura global y la decisión del gobierno actual de privilegiar el control político sobre la economía.

No obstante, China todavía tiene espacio para hacer lo que hicieron Japón, Estados Unidos y Europa en su momento, rescatar al sector privado, trasladando parte importante del problema de endeudamiento del sector privado al sector público, donde siempre habrá más margen de maniobra, especialmente en un modelo económico como el de China.